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Amando de Miguel

Elogio y nostalgia de la patata

Solo a principios del siglo XIX los europeos empezaron a admitir que se trataba de un excelente alimento.

Amando de Miguel
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Solo a principios del siglo XIX los europeos empezaron a admitir que se trataba de un excelente alimento.
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No siempre hay que ponerse solemnes y dedicarse a opinar sobre asuntos de gran significación mundial (ahora se dice "global"). Los hay mínimos, vulgares, cotidianos que merecen también nuestras cogitaciones. Me preocupa hoy una noticia que no he visto reflejada en los medios de alcance nacional (ahora dicen "estatal"). Sencillamente, en Galicia los paisanos se ven amenazados por una extraña mariposa de la planta de la patata que acaba con ella. Tanto es así que en la franja occidental de Asturias han decretado una especie de cortafuegos para no sembrar patatas este año. Es un ingenioso e inútil arbitrio para ver si así se contiene la extensión de la plaga. No sé en qué andarán ocupados nuestros científicos e ingenieros de la naturaleza. Supongo que seguirán con lo del cambio climático. Más valdría que se aprestaran a encontrar pronto un antídoto contra la mariposa patatera o pataticida.

Extraño tubérculo el de la patata o papa. El mundo occidental lo descubrió en el siglo XVI a través de los españoles instalados en el Perú. Pero al principio fue recibido más bien como una curiosa planta ornamental, cuyas frutas se criaban en la tierra. Los franceses llaman todavía a las patatas manzanas de la tierra. Solo a principios del siglo XIX los europeos empezaron a admitir que se trataba de un excelente alimento. Ahora sabemos que es rico en muchas sustancias, por ejemplo, la vitamina C. Al principio, los alemanes aprovecharon el tubérculo para alimentar a los cerdos, luego a los soldados. Pronto la nueva costumbre adquirió calidad de delicadeza y entró en las clases de la alta burguesía. En seguida se hizo popular. A mediados del siglo XIX un país como Irlanda basó su alimentación en la patata, hasta llegar a consumir varios kilos por persona y día. Pero un misterioso parásito arruinó las cosechas y los irlandeses emigraron en masa a los Estados Unidos. En el entretanto, en España los carlistas acuñaron un extraño grito de guerra: "¡Abajo la patata!". Lo nuestro, siempre tan original.

Así llegamos a la actualidad (ahora se dice "a día de hoy"), en que la patata se ha convertido en el alimento más general que existe en todo el mundo. Difícilmente se encontrará una persona a la que no le gusten las patatas fritas. No es casualidad que formen parte del menú de las cadenas de restaurantes de comida rápida. En cualquier tasca española el menú del día incluye casi siempre algún plato con patatas. La tortilla española (huevo, aceite, cebolla y patata) se ha convertido en el verdadero plato nacional. He visto que en algunos mercados medievales, ahora tan de moda, suele haber un puesto de patatas asadas. No importa la disonancia histórica.

Se comprenderá la tragedia que va a ser la reducción de las cosechas de patatas, de momento en Galicia y luego en el resto de España y Portugal. La dichosa mariposa no distingue fronteras entre regiones y países. Lo que faltaba tras el alza en los precios de los otros productos hortícolas. No va a poder detenerse la inflación, sobre todo si se confirman las amenazas de los estibadores y el Gobierno sube los sueldos de los funcionarios, como ya se anuncia. Ya elevó el salario mínimo, y eso fue la señal de la subida de la inflación. Y todo por el detonante de la patata y la pertinaz mariposa. Ese sí que es un buen ejemplo del efecto mariposa que dicen los científicos.

Total, que había empezado con un asunto doméstico y trivial y acabo con altas preocupaciones de la economía nacional. Lo que me extraña es que, en los medios que frecuento, nadie parece preocuparse del asunto de la plaga de la patata. No creo que sea baladí. En general, los temas que se discuten en los congresos de los partidos políticos poco o nada tienen que ver con las verdaderas cuitas de los españoles (que ahora dicen "ciudadanos y ciudadanas"). La de la subida de los precios no es la menor. No había sido prevista por los expertos. Todavía los sindicatos, tan sensibles ellos, organizan movilizaciones aparatosas para que se eleven los salarios. Se adivina la espiral. Sufrirán sobre todo los jubilados, cuyas pensiones se han visto reducidas en términos reales. Ni siquiera les va a caber el consuelo de organizar su dieta a base de patatas.

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