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La cuestión batallona de las banderas

El nacionalismo catalán no está marginado, sino que domina.

Amando de Miguel
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El asunto de las banderas en los campos de fútbol no es de naturaleza judicial ni deportiva; es eminentemente político. El resultado es que la tesis del nacionalismo catalán (abiertamente secesionista) se impone sobre el mal llamado españolismo.

Durante decenios se ha ido reculando en la obligación legal de que la bandera española figurara en los edificios públicos de Cataluña y el País Vasco. El resultado es que para una generación de catalanes y vascos no hay más bandera que la suya regional, la ikurriña o la cuatribarrada. Recuérdese que la ikurriña fue originariamente la bandera de un partido, el PNV. Fue una adaptación de la enseña británica.

Pero el hecho es que la cuatribarrada catalana o aragonesa (amarillo y rojo) forma parte del escudo de España. Por eso los nacionalistas catalanes dieron un toque étnico para diferenciarla todavía más y añadieron una estrella sobre un triángulo azul. Es la estelada, que se dice así también en castellano. Quieren que sea la nueva bandera de Cataluña, pero de momento representa más bien la de un partido o de un conglomerado de ellos, los secesionistas. No se piensa que el origen de la nueva bandera de la Cataluña independentista se inspiró en la bandera cubana. La bandera cubana fue una iniciativa de los agentes norteamericanos, a mitad del siglo XIX, para conseguir que Cuba pasara a la órbita yanqui. La estrella era el símbolo de esa nueva dependencia respecto a la bandera de las barras y las estrellas. Más curioso: el diseño correspondió a un español renegado de origen catalán.

La nueva ironía de la historia es que la estrellada catalana quiere ser un símbolo de independencia. Todo se basa en una estudiada asimetría de símbolos; para empezar, léxica. Así, los españoles, hablando en castellano, decimos "estelada", "tevetrés, “Generalitat", “president” o “govern” para referirnos a esas mismas palabras en catalán. Es manifiesto el complejo de inferioridad del resto de los españoles respecto del nacionalismo catalán cuando no traducimos esas y otras voces. Tampoco son tan diferentes dichas en castellano. Acabamos creyendo que estelada o señera son palabras de la lengua española.

Hay más contrastes sustantivos. La bandera estrellada puede exhibirse en toda España como un ejemplo de la libertad de expresión. Pero la bandera de España (que por lo tanto lo es también de Cataluña) no puede mostrarse en las escuelas o los campos de fútbol de Cataluña. De hacerlo, no se interpretaría como una muestra de libertad de expresión sino como una especie de provocación. El presidente de la Generalidad catalana es teóricamente el máximo representante del Estado español en Cataluña, pero nunca se le verá delante de una bandera española. En la práctica se comporta como un auténtico jefe de Estado.

Un asunto mínimo. La exhibición masiva y frenética de estrelladas en el Vicente Calderón de Madrid supone un coste extraordinario de medidas de seguridad. No me parece justo que tal exceso lo paguen los contribuyentes españoles; incluidos los catalanes, claro está. Debería pagarlo el Barcelona Club de Fútbol. Claro que se trata de "algo más que un club". Por eso tiene el derecho de hacer lo que le da la gana. Es decir, el nacionalismo catalán no está marginado, sino que domina.

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