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Amando de Miguel

La Historia se repite, como los ajos

Pantomima son los homenajes a las víctimas de la pandemia del virus chino sin que se haya logrado establecer la lista de sus nombres.

Amando de Miguel
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Como escribiera Nicolás Maquiavelo, "me da la impresión de que todos los tiempos se repiten y que nosotros, los hombres, somos siempre los mismos". Sin citar al humanista, Carlos Marx precisó siglos más tarde que "la Historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa".

La tragedia española de la guerra civil de 1936 fue consecuencia inmediata del aciago Frente Popular, esto es, la extraña alianza de socialistas, comunistas y separatistas o nacionalistas. Tres generaciones después asistimos a algo parecido: un Gobierno de socialistas, comunistas y separatistas o independentistas. El tono paradójico adquiere caracteres cómicos cuando uno lee, por ejemplo, las disquisiciones de ciencia económica del ministro de Consumo (comunista). Se refieren a la "reindustrialización" de España. Se conoce que está pensando en los éxitos económicos de Cuba, Venezuela o Corea del Norte, donde mandan los suyos. Este hombre debe de padecer de asomatognosia. Es una rara dolencia que se manifiesta en no percatarse bien del lugar que ocupa el sujeto en el espacio y en el tiempo.

No menos farsa es la reciente comisión parlamentaria para la reconstrucción de la economía nacional. La preside un nesciente alabardero socialista y actúa como secretario un comunista de experiencia latinoamericana, que es la que ahora se lleva. Las comisiones de reconstrucción fueron una innovación de Stalin en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Antes, el Partido Comunista había destruido el país.

Un puro teatro son las conferencias de prensa sin periodistas, o en todo caso sin repreguntas de los periodistas, diseñadas por los expertos de la Moncloa. Son estos unos artífices de la propaganda en la era telemática. El método consiste en que el conferenciante tiene preparadas las respuestas antes de oír las preguntas.

Pantomima son los homenajes a las víctimas de la pandemia del virus chino sin que se haya logrado establecer la lista de sus nombres; ni siquiera hay un acuerdo en la cantidad de fallecidos. Son, pues, homenajes a las víctimas desconocidas.

Las homilías semanales del presidente de Gobierno con ocasión de la pandemia nos han intrigado a los pacientes españoles. Más parecen una mojiganga si es que han tratado de replicar las famosas charlas junto a la chimenea de F. D. Roosevelt. Se diseñaron para eliminar las penas de la crisis de los años 30. Aunque esta parodia me parece una demasía de cultura. Las homilías domésticas de nuestro presidente han cumplido más bien la función de suscitar la siesta en las luengas jornadas del confinamiento de los españoles.

Mucho despotricar en su día contra los ertes (expedientes de regulación temporal de empleo), una innovación de la época de Rajoy. Venían a ser una especie de desempleo diferido. Pues bien, en un alarde originalidad léxica, el presidente Sánchez ha declarado que "los ertes han venido para quedarse". Es algo que se puede aplicar también a la epifanía del doctor Sánchez, que no llegó directamente por las urnas, como él suele decir, sino por el cambalache de una moción de censura. Apunte nuestro presidente: quien a hierro mata, a hierro muere.

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