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Amando de Miguel

PISA, pesa y pasa

Parece un disparate es el triunfalismo oficial con que se han acogido estos resultados. Merecen interpretarse con algún esmero.

Amando de Miguel
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Parece un disparate es el triunfalismo oficial con que se han acogido estos resultados. Merecen interpretarse con algún esmero.
EFE

Se me perdonará la paronomasia facilona; es solo para llamar la atención del ocioso lector. La macroencuesta de PISA sobre el avance educativo de distintos países nos dice que en España se nota una cierta mejoría respecto a la media internacional. Precisemos.

El avance de la nota que obtienen los alumnos españoles es más bien modesto, ya que se parte de una situación anterior bastante mediocre. Además, la media internacional experimenta un ligero retroceso en el último año. Sin esa cautela cabría concluir que en España no hace falta una nueva ley educativa. Lo que realmente parece un disparate es el triunfalismo oficial con que se han acogido estos resultados. Merecen interpretarse con algún esmero.

El dato fundamental de la encuesta es que en España se observa una diferencia abisal entre unas regiones y otras. Concretamente, el bloque septentrional de la antigua Castilla la Vieja, más León, Navarra y Madrid presenta unos niveles próximos a los que ostentan los países más avanzados. En cambio, el bloque meridional de Castilla-La Mancha, Murcia, Extremadura, Andalucía y Canarias mantiene unos niveles que se acercan a los de los países atrasados (ahora dicen "en vías de desarrollo").

La primera conclusión es que, puesto que las leyes educativas se aplican a toda la nación, se manifiestan inoperantes. Así que parece inútil derogar la ley educativa actual o tratar de mejorarla. Los alumnos se educan en los centros de enseñanza, pero también en el ambiente donde viven.

La segunda conclusión es que la oposición territorial apuntada no debe sorprender a nadie, pues se ha observado muchas veces a lo largo del último siglo. Así pues, se trata de algo estructural en la sociedad, independiente de las leyes educativas y aun de los regímenes políticos. Procede históricamente del sistema de propiedad agraria: campesinos modestos de clase media en el bloque septentrional y un sistema de dos clases antagónicas en el meridional. Cuenta también la religión, medida por las vocaciones religiosas, mucho más notorias en el bloque septentrional. El resultado es la mayor influencia de la ética del esfuerzo y el espíritu de superación en el bloque septentrional. De nuevo se impone la conclusión fundamental: las leyes educativas influyen poco en el aprovechamiento escolar. Cuenta mucho más la tradición de una estructura social integrada con pocas desigualdades, dispuesta, por tanto, a alentar a los muchachos a estudiar.

Aduzco un caso que conozco bien. Se trata de una familia de campesinos sin tierras en un pueblo de Zamora. Ante la falta de perspectivas económicas, los padres decidieron incorporarse al llamado éxodo rural de los años 40 del pasado siglo. Emigraron al País Vasco y se propusieron expresamente que sus hijos llegaran a la universidad, cuando ellos no habían pasado de la escuela primaria. Es más, imaginaron que llegarían a ser profesores de la universidad. Hicieron todos los esfuerzos posibles para que sus cuatro hijos se educaran (con becas) en los mejores colegios. En efecto, años más tarde los cuatro han profesado en distintas universidades de varios países. Un supuesto así se puede reproducir fácilmente en el bloque que he llamado septentrional; sería difícil de encontrarlo en el meridional.

Pasemos, pues, de PISA y de los supuestos beneficios o maleficios de las leyes educativas. Es una estructura social integrada, con predominio de las clases medias y con escasas desigualdades, lo que puede propiciar mejor el rendimiento escolar. Lo saben muy bien los profesores. Por cierto, del bloque septentrional proviene una gran cantidad de profesores de todos los grados.

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