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Carmelo Jordá

Del 13-M a las cacerolas contra el Rey

La izquierda en España: golpista en el 34, golpista y guerracivilista en el 36 y de nuevo en 2004; y, por lo que empezamos a ver, otra vez en 2020.

Carmelo Jordá
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La izquierda en España: golpista en el 34, golpista y guerracivilista en el 36 y de nuevo en 2004; y, por lo que empezamos a ver, otra vez en 2020.
Unos niños siguiendo el mensaje del Rey. | EFE

Aunque no parece que se reconozca esta verdad tan obvia, resulta que la Monarquía es una institución que puede cambiar radicalmente en función de quién ocupe el trono; incluso entre el reinado de un padre y el de su hijo. Nos lo enseña la Historia, pero también el presente. Los partidos políticos también se transforman con sus líderes, o no: los hay que si han sido golpistas antes lo vuelven a ser después, incluso con más de ochenta años de diferencia. Como ERC, sin ir más lejos.

En ocasiones y por desgracia, en un país lo que no cambia es todo un espectro político. Por ejemplo, la izquierda en España: golpista en el 34, golpista y guerracivilista en el 36 y de nuevo en 2004; y, por lo que empezamos a ver, otra vez en 2020.

Y es que los que este miércoles salieron a los balcones a darle a la cacerola mientras hablaba el Rey son los mismos que el 13 de marzo de 2004 acudieron a las sedes del PP a dar su golpecito durante la jornada de reflexión, alentados con mayor o menor disimulo por los mismos partidos y hasta informados por los mismos periodistas: ahí está Ferreras como estaba, supongo que con tres capas de calzoncillos.

El asunto es especialmente maloliente porque las coincidencias cruzadas son perfectas: los que ahora piden "unidad" y se muestran muy escandalizados cuando alguien critica un poquito al Gobierno "en mitad de la crisis" son los que se echaron a la calle dos días después del mayor atentado de la historia de España, que tampoco estaba mal como crisis.

Esos mismos que pagan campañas publicitarias para decirnos que debemos estar muy unidos para superar la crisis del coronavirus y a los que la palabra unidos no se les cae de la boca lanzan una campaña contra la Corona, que es la institución que nos representa a todos y con la que a día de hoy muchos españoles nos sentimos muy identificados. Desde luego yo, personalmente, bastante más que con una clase política que, salvo algunas excepciones, está volviendo a quedar muy por debajo del nivel que demuestran la sociedad, sus empresas, sus profesionales; los individuos, en suma.

No son ataques de descontrolados, no es algo casual o que haya surgido en las redes sociales o en cadenas de mensajes de WhatsApp: es parte de una estrategia política que, para empezar, les sirve para desviar la atención de una gestión que ha sido absolutamente lamentable y que no parece estar enderezándose, ni en lo sanitario ni mucho menos en lo económico.

Y además, si la cosa se les da suficientemente bien –o incluso si se nos da a todos los demás lo suficientemente mal– les puede servir para aprovechar esta situación dramática para cambiar el país, para hacer saltar por los aires no sólo la Monarquía sino sobre todo la democracia, que por supuesto es el plan último de los comunistas y de los arribistas que nos (des)gobiernan. Y no es, ni mucho menos, un plan original: es lo que han hecho los comunistas siempre, allí donde han tomado el poder para acto seguido hundir aún más en la miseria todo lo que caía en sus manos.

La única duda que tengo es si dentro de este plan les basta con que las cosas vayan mal por sí mismas y por su propia incompetencia o si van a ser capaces de empeorarlas, por acción o inacción. Sí, suena terrible pero también sonaba terrible hace sólo un par de días que alguien usase políticamente esta crisis y ya estamos en ello de hoz y coz, o, mejor dicho, de hoz y martillo.

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