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Carmelo Jordá

Funeral de Estado para Cs

No prolonguen esta agonía, esta no-vida tan inútil y tan poco digna: no les voten, dejen que descansen en paz. Se lo merecen, nos lo merecemos.

Funeral de Estado para Cs - Carmelo Jordá
Inés Arrimadas. | EFE

En este país de tanto forofismo político nunca está de más recordar que los partidos son objetos de usar y tirar, herramientas que están aquí para cumplir una función y a las que no debemos nada si dejan de cumplirla, porque además en cuanto no lo hacen suelen convertirse en entes dañinos que, en su decadencia, ya no es que no sirvan al bien sino que suelen entregarse al mal.

El problema está en que, una vez lanzados y, sobre todo, una vez que alcanzan una cuota mínima de poder, los partidos parecen tomar conciencia de sí mismos y, como Skynet, son capaces de cualquier cosa con tal de garantizar su supervivencia, que en muchas ocasiones ya no es sino una mera apariencia de supervivencia: en realidad, cuando les ha tocado la parca ya no hay forma de volver a unir el hilo y todo es una no-vida en la que van arrastrándose como zombis y pronto dejan de dar pena para empezar a dar asquito.

Todo lo anterior aplica, por supuesto, a cualquier partido, si bien está claro que hay diferencias y que algunos, los más grandes, presentan una resistencia mucho mayor, pese a que en no pocas ocasiones sus líderes hacen todo lo posible para acabar con ellos: ahí tienen ustedes al PP, sin ir más lejos, que es un ejemplo perfecto de cómo se puede sobrevivir a pesar de que tus dirigentes –de Rajoy a Pablo y Teodoro– se empeñen en destruirte.

Pero la política es tan injusta como la propia vida, y aunque está claro que algunos pagan mucho más caros sus muchos menos pecados, lamentarse no sirve de gran cosa: si estás muerto, estás muerto. Fue el caso en su día de UPyD y lo es ahora de Ciudadanos, los dos probablemente con menos culpas que el PP y no digamos que el PSOE y sus adláteres, pero también ambos responsables de errores letales.

Sea como fuere, lo sustancial no es si fueron o no partidos útiles, que lo han sido, sino si lo siguen siendo. Y la respuesta es que no: UPyD dejó de serlo hace años, aunque no recibió cristiana sepultura hasta mucho después, tras una larga y penosa agonía. Ciudadanos probablemente pasó a mejor vida el 10 de noviembre de 2019 y desde entonces todo ha sido un sufrimiento innecesario, una triste negación de la evidencia y una molesta distracción que no tiene suficientes votos para servir de nada, pero sí es un impedimento más para configurar la gran mayoría que necesitamos para echar del poder a Sánchez, Yolanda, Irene, Rufián y Otegi.

Es obvio que los pocos y casi heroicos votantes de Ciudadanos que quedan están contra Pedro Sánchez, sus aliados y lo que representan, porque si no votarían al PSOE tranquilamente y serían bendecidos por los santones de la izquierda en la Sexta y Lo País. Sin embargo, eligiendo la papeleta del partido naranja sólo consiguen que la imprescindible mayoría del centro-derecha sea más difícil, para que luego Arrimadas vaya suplicándole al presidente que le deje apoyar alguna de sus barbaridades y así hacerse la ilusión de que pinta algo.

Es injusto, por lo que supuso y lo que hizo en su corta e intensa vida Ciudadanos merece un final mejor, más digno, una sepultura como Dios manda que no deje ver en qué ha quedado lo que tan hermoso fue y, si me apuran, un funeral de Estado que reconozca todos esos méritos. No prolonguen esta agonía, esta no-vida tan inútil y tan poco digna: no les voten, dejen que descansen en paz. Se lo merecen, nos lo merecemos.

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