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Carmelo Jordá

Gobernar, ¿para qué?

¿Qué quieren los populares para esta sociedad? Si usted no es capaz de responder, no se preocupe: yo tampoco. Y lo que es peor: Mariano Rajoy aún menos.

Carmelo Jordá
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¿Qué quieren los populares para esta sociedad? Si usted no es capaz de responder, no se preocupe: yo tampoco. Y lo que es peor: Mariano Rajoy aún menos.

Si algo hay que reconocerle a la izquierda española es que sabe qué hacer cuando llega al poder: bien sea en lo político, bien en lo social, normalmente en ambos, el PSOE impone su programa a golpe de mayoría absoluta cuando la tiene o de pacto de hierro con el separatismo cuando no.

El mejor ejemplo lo tenemos en las dos legislaturas de Zapatero: el socialista ha estado a punto de llevarse por delante el país –de hecho, todavía no podemos decir que no lo haya hecho–, pero mientras tanto ha ido imponiendo un programa radical, al menos en varios puntos: el aborto, el matrimonio homosexual, las relaciones con el separatismo en general y con ETA en particular, la memoria histórica...

Son cosas muy distintas, sí, pero tienen un punto en común: están pensadas o desarrolladas en contra de la mitad de la sociedad, como parte de un programa político que pretendía cambiar la sociedad, reformas que fueron llevadas a cabo sin titubeos y sin dudas. Zapatero llegó al poder, tenía un programa que imponer, lo impuso y para hacerlo organizó toda su política alrededor de esos objetivos.

Observemos en cambio el programa político del PP en este momento: ¿en qué consiste? ¿Qué metas tiene? ¿Qué quieren los populares para esta sociedad? Y, sobre todo, ¿qué iniciativas políticas toman para conseguirlo? Si usted no es capaz de responder a ninguna de esas preguntas, no se preocupe: yo tampoco. Y lo que es peor: Mariano Rajoy aún menos.

El PP se presentó a las elecciones de 2011 con un programa un tanto vaporoso pero en el que todos entendimos algunas cosas con claridad: retrotraer al menos parte de las reformas de Zapatero, disminuir algo el peso del sector público, bajar impuestos –o al menos no subirlos más–, enfrentarse a la ETA y al separatismo catalán, abordar cambios de verdad en la educación...

Más de dos años después, no es que los populares no hayan cumplido ni uno sólo de esos propósitos, es que además han hecho todo lo posible para que otros que sí trataban de hacer esas reformas de raíz, por ejemplo el gobierno de la Comunidad de Madrid, tampoco pudieran llevarlas a cabo.

Viendo esto, uno se pregunta para qué quiere este PP gobernar, qué interés tiene Rajoy en ser presidente, más allá de que eso le haga tener una tarjeta de visita de esas que impactan y le permita colocar a unos centenares de amigos. Para qué, si no tienes programa, ni ideas, ni convicciones, quieres tanto poder.

Gobernar, en suma, es para nuestra derecha oficial un trámite engorroso, un tanto molesto y desde luego irritante, con tanto votante y tanto periodista pidiéndole que tome decisiones. A ellos lo que les gusta es mandar, pero tampoco para nada concreto, simplemente para darse el gustazo de dar órdenes y contemplar, desde la mullida poltrona, cómo un funcionario obedece: "Tráigame el Marca, Fulano"; y Fulano va y se lo lleva.

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