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Si Borrell fuese del PP...

En este país hacer política o periodismo sin ser de izquierdas es de valientes… o de locos.

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Borrell, en un acto reciente. | EFE

Josep Borrell era un alto cargo en una empresa que atravesaba una grave crisis y, según la CNMV, se valió de su conocimiento sobre esa situación para vender unas acciones. El organismo regulador considera este comportamiento probado y punible y ha impuesto al ahora ministro una multa de 30.000 euros.

Podemos, un partido que siempre ha odiado a Borrell por no ser lo suficientemente comunista ni lo suficientemente separatista (en realidad, el socialista nunca ha sido otra cosa que borrelliano), ha pedido su dimisión, pero el escándalo de los de Pablo Iglesias es muy de andar por casa: dicen algo para que no se les caiga del todo su careta de azotes de la corrupción y a otra cosa mariposa, que cada día trae su afán. Algo así como lo que hicieron con Dolores Delgado, cuya destitución también pidieron entre una crítica a Ciudadanos y unos insultos al PP, que hay que ver qué duro es el trabajo de hacer oposición a la oposición.

Pero ¿qué ocurriría si Borrell fuese del PP, de Ciudadanos o, tiemblo sólo de pensarlo, de Vox? Lo primero que me viene a la cabeza son los gritos de Ferreras en su programa, la conmoción, las unidades móviles apatrullando Madrid a la caza de unas declaraciones, las comprobaciones y el fact-checking en las subsecciones del programa, la mirada dura pero al mismo tiempo irónica y coqueta de "¡Pastor!" demostrándonos lo insólito del comportamiento de Borrell y que todos los ministros que se han visto en situaciones parecidas desde Chequia hasta Mali han dimitido ipsofácticamente

Imagino los especiales informativos, las viñetas, los mensajes en Twitter de tantos periodistas independientes, las columnas airadas, los tertulianos indignados gritando fuera de sí. Veo las portadas, los análisis, los carteles en las manifestaciones de jubilados de La Sexta, las exclusivas sobre Narbona…

¿Y Podemos? ¿Qué diría Podemos? Casi puedo leer los tuits de Irene Montero y Ramón Espinar rebosando moralina barata y ofendidismo de clase; cierro los ojos y escucho la intervención de algún portavoz parlamentario como Ione Belarra, cuyas palabras dejan el trueno colérico de Jehová a la altura del Frère Jacques; escucho las respuestas a los periodistas de Echenique, Mayoral o Monedero, convenciéndonos de que con lo robado por Borrell se podrían construir doscientos hospitales y pagar las pensiones de varios millones de pensionistas…

¿Y su propio partido? ¿Qué haría su propio partido si Borrell fuese del PP o de Ciudadanos? Silencio en el mejor de los casos, críticas veladas o menos veladas en alguna entrevista en una cadena progre y, finalmente, alguien se referiría a él como "ese ministro del que usted me habla".

No, no estoy defendiendo a un Borrell que yo creo que sí debería dimitir –al menos si es que sigue vigente el superestándar moral con el que su partido se ha encaramado al Gobierno–; sólo digo que en este país hacer política o periodismo sin ser de izquierdas es de valientes… o de locos.

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