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Cayetano González

Casado oficializa su debilidad

Sólo espero que con el paso de los días reflexione sobre lo que hizo y dijo el otro día, saque conclusiones y rectifique.

Cayetano González
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El espíritu cainita en el PP sigue vivo. Si en el Congreso de Valencia (2008) Rajoy intentó matar políticamente a Aznar –relevo de Acebes y Zaplana, marcha forzada de María San Gil a su casa e invitación a conservadores y liberales a irse a del partido–, en la moción de censura de hace unos días todo apunta a que fueron Aznar y su FAES quienes influyeron en Casado para que no solamente votara no a la moción de censura, sino que intentara matar políticamente a Santiago Abascal y a Vox. En el primer caso hubo cosas muy sucias –las cloacas de Génova filtraron que María San Gil sufría un cierto desequilibrio mental como consecuencia de la medicación que estaba tomando para combatir el cáncer que padecía–, y ahora la acusación miserable y nauseabunda de que Abascal chapotea en la sangre de las víctimas del PP causadas por ETA. Y eso lo dice Casado del partido de Ortega Lara, de Alcaraz y del propio Abascal y su familia.

Estoy muy de acuerdo con Rosa Díez, que el viernes dijo en el programa de Federico que los ataques tan personales y virulentos de Casado a Abascal y a Vox ponían de manifiesto la debilidad del personaje. Eso es exactamente así, mucho más cuando en el pasado reciente, tanto en público como sobre todo en privado, el líder del PP no emitía ningún juicio negativo sobre el presidente de Vox, más bien todo lo contrario. ¿Por qué entonces ese cambio tan drástico? Casado siempre me ha parecido una buena persona, pero todos podemos cometer errores. Sólo espero que con el paso de los días reflexione sobre lo que hizo y dijo el otro día, saque conclusiones y rectifique.

El problema que tiene Casado es que, por mucho que reciba loas y parabienes de los suyos –¡qué bochorno producía ver los aplausos desaforados de la bancada popular a su líder!–, muchos, también entre sus filas, han visto en su desproporcionado y violento ataque a Vox y a Abascal un claro signo de debilidad, de falta de cuajo político. Y más temprano que tarde irán a por él. ¿O es que alguien piensa que en los rajoyistas no hay en estos momentos una sensación de estupor y de rabia al comprobar que Aznar y su FAES controlan, influyen y marcan la estrategia de Casado?

“Un líder tiene que ganarse los galones”, declaró Aznar hace unos días en referencia a Casado. Pero con su intervención del pasado jueves, volando todos los puentes con Vox, utilizando argumentos ad hominem de muy mal gusto, dudo mucho que lo haya conseguido. Lo único que ha logrado es, a corto plazo, ganarse las alabanzas y los aplausos serviles de una parte de los suyos, una tregua que durará muy poco de la izquierda política y mediática y un apoyo de esa parte de la derecha mediática que no acepta que Vox, con todas las limitaciones que se quiera, es una realidad que cuenta con cuatro millones de votantes, una formación que se sale de lo políticamente correcto y que está dispuesta a dar la batalla de las ideas en cuestiones que van desde la cultura al modelo de Estado, pasando por la defensa de los valores cristianos, la familia, etc.    

La decisión deliberada de romper con Vox tiene unos efectos para nada colaterales. Como bien dijo Abascal desde la tribuna del Congreso, con su intervención Casado había dado una patada a la esperanza de muchos españoles que querían, que siguen queriendo, la construcción de una alternativa al Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias. Casado tiene que saber que se ha situado en una posición de debilidad que le pasará factura, en forma de fuga de votantes que no lo han entendido y de maniobras de dirigentes del partido que esperarán la oportunidad para darle la puñalada definitiva a él y, de paso, a su mentor Aznar. Mientras tanto, Sánchez e Iglesias, disfrutando con el espectáculo.

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