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Cayetano González

El adiós de Santiago Abascal

Santiago Abascal se va, en el fondo, por las mismas razones por los que antes lo hicieron otras personas como María San Gil en el 2008

Cayetano González
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La lista de personas del PP vasco que han sido un referente moral para muchos españoles y deciden dar un paso atrás retirándose de la primera línea de la política, sigue incrementándose. El último ha sido Santiago Abascal Escuza, -padre de Santiago Abascal, uno de los fundadores de VOX- que acaba de anunciar que se va, que no volverá a ser el próximo año candidato por el PP, ni a las Juntas Generales de Álava en el Valle de Ayala, ni al Ayuntamiento de Amurrio, su localidad natal.

Santiago Abascal se va, en el fondo, por las mismas razones por los que antes lo hicieron otras personas como María San Gil en el 2008 o mas recientemente Jaime Mayor Oreja, con su renuncia a volver a ser candidato en las elecciones europeas de mayo. Por las mismas razones por las que Regina Otaola también decidió en el 2011 abandonar la primera línea de la política vasca después de plantar cara al mundo de ETA en el Ayuntamiento de Lizarza, o por las que su hijo Santi decidió darse de baja en el PP y poner en marcha un nuevo proyecto político, VOX; por las mismas razones por las que José Antonio Ortega Lara devolvió en el 2008 su carnet de afiliado al PP y se ha unido a VOX o por las que la viuda del dirigente popular Gregorio Ordóñez asesinado por ETA en enero de 1995, Ana Iribar, ha dicho que nunca más volverá a votar a los populares.

No sé si el actual Presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy, dedicará un solo minuto de su tiempo a pensar, a preguntarse los porqués de estas marchas. Me temo que no, que prefiere ignorarlas y no enfrentarse a lo que de fondo significan: un deterioro profundo de un proyecto político, el de su partido, que en su día fue un ejemplo de dignidad y de fortaleza moral en la defensa de la libertad, de la vida, de la democracia, en una tierra tan castigada tanto por el terrorismo de ETA como por el nacionalismo obligatorio del PNV. Una defensa que tuvo un precio muy alto: el de un total de siete concejales del PP vasco y otros siete del PP o de UPN en el resto de España, asesinados por la banda terrorista entre 1995 y el 2001. Y el de todos los cargos públicos de ese partido, y del PSE, teniendo que llevar escolta durante muchos años.

Dentro de ese proyecto político ha destacado con luz propia Santiago Abascal. Treinta y tres años de su vida dedicados a la política en una parte de Álava, el valle de Ayala, nada cómoda, mas bien territorio hostil para quien se sentía profundamente vasco y español. Treinta y tres años en los que ha sufrido cuatro intentos de asesinato por parte de ETA y hasta un total –¡se dice pronto!- de 101 atentados contra el, contra su negocio –una tienda de ropa en Amurrio- o contra su familia. Muchos recordarán la imagen de unos caballos propiedad de la familia que un día aparecieron con unas pintadas nada cariñosas hacia sus dueños: "Abascal, hijo de puta" junto a una diana con las siglas de ETA.

Por eso, cuando en la hora del adiós, Santiago Abascal dice verdades como puños del tipo: "la falta de libertad en el País Vasco se prolongará durante muchos años", o "las consecuencias del nacionalismo van a ser muy largas", o “seguimos estando en libertad condicionada si somos incapaces de presentar candidaturas en todos los pueblos”, o “para algunos, la libertad es solo la economía; para mi es salir a la calle como cualquiera, criticar lo que ha pasado sin que nadie te apunte con el dedo, aunque ya no sea con una pistola”. Uno se pregunta si resulta tan difícil de entender a los actuales dirigentes del PP que ese es el auténtico problema de fondo del País Vasco: la falta de libertad, porque aunque ahora ETA no mate, los efectos de tantos años de terrorismo en la salud moral de la sociedad vasca han sido devastadores.

Si a eso se une, que gracias al anterior presidente del Gobierno, a seis miembros del Tribunal Constitucional encabezados por Pascual Sala y a la inacción del actual ejecutivo de Rajoy, los terroristas y el proyecto totalitario que encarnan, ha vuelto a las Instituciones vascas y navarras, la denuncia de fondo realizada por Abascal en la hora de su adiós tiene todo su sentido.

El PP vasco, al igual que en Cataluña, solo tiene una razón de ser: la defensa de la libertad y representar una alternativa seria al nacionalismo secesionista que en el caso del País Vasco se agrupa en torno al PNV y a las diferentes marcas de ETA y en Cataluña, en torno a CIU y ERC. Además, en el caso vasco, hay que añadir esos efectos perversos de tantos años de violencia, de coacción, de miedo. El PP de los Abascal, San Gil, Mayor Oreja, Iturgaiz, Otaola y tantos otros cargos públicos y militantes anónimos sirvió para que muchos vascos no nacionalistas se vieran amparados y defendidos por las siglas populares.

Ese es el reto al que se enfrenta el PP vasco actual de Quiroga, Semper, Alonso, Damborenea, Oyarzabal, Llanos, Maroto y cía. El espectáculo tan lamentable que han dado con motivo de su reciente congreso regional no presagia nada bueno. Si no hay una rectificación a fondo de las tonterías que han hecho en algunos casos y defendido en otros durante estos últimos seis años, las consecuencias serán nefastas: cada vez tendrán menos votos y habrá más personas como Santiago Abascal que se irán a su casa o a otro partido.

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