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Cayetano González

El día después

Casado debería exigir a Sánchez que rompa todos sus pactos y acuerdos de gobierno con partidos independentistas.

Cayetano González
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A expensas de lo que el debate electoral a cinco de esta noche pueda deparar en cuanto al movimiento del voto, todo parece indicar que el próximo domingo el llamado bloque del centro-derecha –PP, Ciudadanos y Vox– no llegará a la mayoría absoluta de 176 escaños y que el bloque de izquierdas –PSOE, Podemos, Más País, independentistas catalanes, PNV y Bildu– sí la puede alcanzar. Otra cosa es, como se vio tras las elecciones de abril, que ponerse de acuerdo entre ellos no sea tarea fácil.

Hay además otro factor que puede incidir en el resultado electoral: los disturbios y la violencia en Cataluña con motivo de la visita de los Reyes y sus hijas para la entrega de los premios Princesa de Gerona y, después, en la jornada de reflexión y en el propio día electoral, en que las turbas independentistas tienen previsto hacer de todo menos permitir votar libremente.

Lo que suceda esta semana en Cataluña y la reacción que el Gobierno en funciones tenga puede llevar a muchos españoles a pensarse muy seriamente su voto, hartos de ver cómo el Ejecutivo –el anterior de Rajoy y el actual de Sánchez– no aplica las medidas políticas, legales y de orden público que la ley permite para acabar con ese clima de impunidad y de desafío a la Constitución que lidera Torra desde el Palau de la Generalitat y Puigdemont desde su mansión de Waterloo.

Sigo pensando que la tendencia natural de Sánchez, si, como candidato del partido más votado, le toca liderar el proceso de formación del Gobierno, será intentar formar un Ejecutivo frentepopulista con el apoyo de los independentistas catalanes, los nacionalistas vascos y los herederos de ETA. Si lo ha hecho en Baleares, Navarra, en cerca de cuarenta ayuntamientos de Cataluña o en la Diputación de Barcelona, ¿por qué no lo va a hacer en el Gobierno de España? Otra cosa es que esa tarea no sea fácil, y el precio que puedan poner tanto los independentistas catalanes como el PNV es perfectamente imaginable y, desde luego, muy malo para el interés nacional.

La alternativa a ese Gobierno frentepopulista-independentista es un acuerdo entre los que todo indica van a ser los dos partidos más votados: el PSOE y el PP. Las modalidades de ese acuerdo pueden ser diversas: desde una abstención de los populares –en el caso de que el PSOE sea el más votado– para permitir la investidura de Sánchez, pasando por un compromiso que conlleve algo más que la investidura: por ejemplo, una serie de pactos en cuestiones esenciales como pueden ser la unidad territorial de España o las medidas que aplicar en Cataluña si el independentismo sigue desafiando al Estado. En ese supuesto, el líder del PP, Pablo Casado, debería exigir a Sánchez que rompa todos sus pactos y acuerdos de gobierno con partidos independentistas: en Navarra, en Baleares y en la propia Cataluña.

Pero para ese acuerdo PSOE-PP es imprescindible una cosa: que Sánchez quiera ir por esa vía. A día de hoy, no hay ninguna señal que lleve a pensar eso, sino más bien todo lo contrario. Pero como el personaje es como es y su objetivo principal ya se sabe que es permanecer en el poder, no hay que descartar que donde dijo "digo" ("No vamos a hacer una gran coalición con el PP", acaba de afirmar") diga "Diego", es decir, que acepte su abstención en una hipotética investidura. En todo caso, ante una situación tan endiablada como la que pueden arrojar las urnas el próximo domingo, todo puede pasar, incluso una nueva repetición electoral dentro de seis meses, con el agravante de que tampoco eso garantizaría una solución.

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