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Cayetano González

El sectarismo de la izquierda

¿Por qué no se instaló la capilla ardiente de Rubalcaba en la sede del PSOE en la calle Ferraz como por ejemplo pasó cuando falleció Carmen Chacón?

Cayetano González
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Cayetano González - El sectarismo de la izquierda
EFE

El fallecimiento de Alfredo Pérez Rubalcaba ha sido una ocasión en la que, ni el partido al que pertenecía el finado, ni los medios de comunicación afines al mismo, han dejado pasar para ejercer de nuevo y sin el más mínimo rubor, ese sectarismo ideológico, político, mediático que les caracteriza.

Poniendo por delante mi respeto personal y mi condolencia a la familia de Rubalcaba, también a su familia política donde tuvo mucho poder e influencia, hay cosas que no son de recibo y que hay que atreverse a decirlas. Lo ha hecho con mucha claridad y contundencia Federico Jiménez Losantos en su artículo de este domingo en Libertad Digital. Comparto absolutamente el análisis, la enumeración y la descripción de los hechos que hace el Presidente de esta casa en el citado artículo. Me limitaré a añadir alguna cosa más sobre lo visto y oído en estos días de fervor desmesurado de la izquierda ante la muerte de uno de sus referentes.

Vayamos a dos detalles formales, pero que no dejan de tener su importancia. ¿Por qué la capilla ardiente de Rubalcaba se instaló en el Congreso de los Diputados? Hasta la fecha, han gozado de ese privilegio, dos ex –Presidentes del Gobierno –Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo-, un ex Presidente del Congreso, el socialista Manuel Marín, y un padre de la Constitución, Gabriel Cisneros. El máximo cargo institucional que tuvo Rubalcaba fue el de vicepresidente del Gobierno en el ejecutivo de Zapatero. Mi pregunta es: Cuándo fallezcan otros ex –vicepresidentes del Gobierno, como por ejemplo, Francisco Álvarez Cascos o Javier Arenas –a los que por otra parte deseo larga vida-, ¿también se instalará la capilla ardiente en la sede de la soberanía nacional? Me temo que no. ¿Cuál va a ser el criterio a partir de ahora para situaciones similares? ¿Por qué no se instaló la capilla ardiente de Rubalcaba en la sede del PSOE en la calle Ferraz como por ejemplo pasó cuando falleció Carmen Chacón?

Segundo detalle formal. Si Rubalcaba tenía esa proyección tan institucional, si fue tan "hombre de Estado" como muchos han resaltado, ¿qué hacen Ábalos y Adriana Lastra poniendo casi a hurtadillas encima del ataúd la bandera del PSOE junto a la enseña nacional?

Y algo más de fondo. Desde el primer momento, incluso antes de su fallecimiento, todas las terminales mediáticas de la izquierda empezaron a bombardear con el mantra de que Rubalcaba fue el artífice del final de ETA. Falso de toda falsedad. El final de ETA, en su vertiente de comandos terroristas –porque la rama política está más fuerte que nunca como se ha visto en las recientes elecciones generales-, se debió fundamentalmente al trabajo abnegado durante muchos años de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, con un papel preponderante de la Guardia Civil. Que el PSOE intente apropiarse de ese final, es una de las mayores indecencias políticas de la historia reciente de España.

El PSOE nunca aceptará, porque es muy sectario, que un partido de la derecha, el PP, que un señor con bigotes llegado de Valladolid, José María Aznar, y que un ministro de Interior de origen vasco, Jaime Mayor Oreja, decidieran en 1996 luchar contra ETA desde la ley, sólo con la ley, pero con toda la ley, sin atajos ni "guerras sucias" como fueron los GAL. Rubalcaba, hay que recordar, era el portavoz del Gobierno de Felipe González en pleno apogeo de los GAL; más tarde fue el que tomó la decisión política de conceder el tercer grado al sanguinario terrorista etarra Iñaki de Juan Chaos, o el que tapó el escandaloso asunto del bar Faisán.

En este capítulo tan doloroso de nuestra historia reciente –el terrorismo de ETA- no conviene falsificar los hechos. Si muchos dicen que ahora estamos en la batalla del "relato", eso vale no sólo para los amigos de ETA, Bildu y compañía, sino también para los que quieren colgarse unas medallas que no les corresponden. Dicho lo cual: Descanse en Paz, Alfredo Pérez Rubalcaba.

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