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El triste consuelo del PP

Las urnas arrojan un panorama que refuerza a la extrema izquierda y a los nacionalistas que quieren que España deje de ser España.

Cayetano González
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No se entiende bien la torpe y simplona valoración que hizo la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, de los resultados obtenidos por su partido en las elecciones europeas de este domingo. Consolarse con que ha sacado tres puntos y dos escaños de diferencia al PSOE, cuando ha perdido 2.600.000 votos y ocho escaños respecto a las elecciones europeas de hace cinco años; consolarse con eso, cuando lo que ha salido de las urnas es una España que gira a la izquierda, con una siglas como Podemos que agrupan a todos los antisistema y que en su primera comparecencia obtiene 1.200.000 votos y 5 escaños; con unos nacionalistas que tanto en Cataluña –ERC y CIU– como en el País Vasco –PNV y Bildu– son hegemónicos, es un consuelo muy propio de un partido como el actual PP y de unos dirigentes que hacen del relativismo su forma de subsistir.

Es vedad que el batacazo que ha sufrido el PP es de una dimensión cualitativamente menor que el del PSOE, y, sin ningún género de dudas, las consecuencias políticas serán muy diferentes. Rajoy no tiene ningún motivo para pensar que su liderazgo en el PP corre peligro. No puede decir lo mismo Rubalcaba del suyo, y en las próximas horas el todavía secretario general del PSOE tendrá que tomar decisiones de cierto calado: o dimite, o anuncia que no se presentará a las primarias, o adelanta éstas o, lo que sería más lógico, convoca un congreso extraordinario. Pero con Rubalcaba cualquier cosa es posible.

El futuro político que estas elecciones dibujan para nuestro país es enormemente complejo y preocupante. Dentro de un año habrá elecciones municipales y autonómicas, donde la izquierda intentará, con las alianzas que sean necesarias, desplazar al PP de donde pueda, algunos tan importantes como Madrid y Valencia. En año y medio tendrán lugar elecciones generales, que se plantearán en los mismos términos. Es fácil pronosticar cuál será el mensaje de los populares para esas elecciones: o nosotros o España será gobernada por toda la izquierda y los nacionalistas juntos. Seguramente ese mensaje haga que el PP recupere parte de los votos que este domingo se han quedado en casa o que se han ido a formaciones como Vox –no ha sido un buen resultado el de esta nueva formación política–, Ciudadanos o UPyD. Pero la pregunta que hay que hacerse es si serán suficientes para que los populares vuelvan a tener mayoría absoluta o a quedarse cerca de ella.

Mientras llegan esas dos próximas citas con las urnas, el desafío soberanista de Mas y ERC volverá a coger fuerza, y lo hará después de que en las elecciones de este domingo ERC haya ganado por poco, pero ganado, a CIU y que el PP sea la quinta fuerza política en esa comunidad, donde Ciudadanos ha tenido un resultado quizás peor del esperado. Si se mira al País Vasco, el panorama tampoco es muy tranquilizador: el PNV gana en el conjunto de la comunidad, pero Bildu lo hace en dos de los tres territorios: Álava y Guipúzcoa. Y en la vecina Navarra los de Bildu se encaraman a la segunda posición, por delante del PSOE y a escasa distancia del PP, que en estas elecciones contaba con el apoyo del electorado de UPN.

Pero Rajoy, Cospedal y demás compañeros mártires de la calle Génova podrán seguir consolándose con que este domingo han ganado al PSOE, sin darse cuenta de que el adversario político ya no es únicamente ese partido, sino el panorama que se abre en España a raíz de estos resultados, que pueden tener su continuación en las siguientes citas electorales. Un panorama que refuerza a la extrema izquierda y a los nacionalistas que quieren que España deje de ser España. ¿Es esto tan difícil de entender?  

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