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Cayetano González

Eusko-cordón sanitario a Vox

El PSE se limita a ser la muletilla del PNV en Vitoria, sin que eso impida a los socialistas forjar acuerdos con los herederos de ETA.

Cayetano González
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La portavoz de Bildu en el Parlamento vasco lo explicó claramente, sin tapujos, el pasado jueves: "Hay que hacer un cordón sanitario al fascismo", en referencia a VOX. Y por si quedaba alguna duda añadió: "A la extrema derecha no se le puede dejar espacios. La hemos combatido siempre y la seguiremos combatiendo". Palabras de Maddalen Iriarte, que así se llama esta demócrata de toda la vida.

Es decir, según la portavoz del grupo que tiene entre sus diputados a tres expresos de ETA, los 17.569 vascos –y vascas según patentó el exlehendakari Ibarretxe– que votaron a Vox en las elecciones autonómicas del mes pasado son unos fascistas de tomo y lomo, que no tienen derecho a que su representante en el Parlamento vasco –la diputada por Álava Amaia Martínez– pueda desarrollar su trabajo parlamentario en las mismas condiciones que el resto. Así, la Mesa del Parlamento, con el apoyo de PNV, Bildu, PSE y Podemos, ha decidido que la diputada de Vox tenga un tercio del tiempo que tienen los demás grupos para sus intervenciones, ha limitado asimismo el número de preguntas o iniciativas parlamentarias que puede desarrollar y sólo podrá disponer de un asistente.

Esta decisión a todas luces antidemocrática –y que muy probablemente los tribunales echen para atrás– nunca se había adoptado antes en el Parlamento vasco, y eso que durante dos legislaturas UPyD también contó con un solo parlamentario. Pero claro, los de Rosa Diez, a ojos de los que ahora han puesto en marcha este cordón sanitario a Vox, no llegaban a la categoría de "fascistas". Como mucho eran unos "españolazos".

Puestos a calibrar, no se sabe qué es más grave y vomitivo: si las explicaciones de la portavoz de Bildu para justificar estas medidas contra Vox o el hecho de que las mismas hayan sido apoyadas sin pestañear por el PSE. No es que esta postura de los socialistas vascos produzca extrañeza, porque llevan años en los coqueteos, conversaciones, acercamientos, negociaciones e incluso acuerdos con el mundo de ETA han sido su pauta de conducta. Pero no deja de ser escandaloso que el partido que lidera el Gobierno de España apoye en un Parlamento autonómico una medida tan antidemocrática como la adoptada por la Cámara vasca contra el tercer partido más votado en el ámbito nacional.

El PSE, que no es más que un apéndice del PSOE de Sánchez, se limita a ser la muletilla del PNV en Vitoria, sin que eso impida a los socialistas forjar acuerdos con los herederos de ETA, en Vitoria, en Pamplona o en Madrid. Triste papel el de un partido que tiene en sus filas a varias víctimas del terrorismo etarra, pero que con sus actos demuestra estar más cerca y sentirse más cómodo con los amigos de los asesinos –recuérdese la foto de la ignominia en la que se veía a la secretaria general del PSE, Idoia Mendía, brindando con Arnaldo Otegui– que con un partido como Vox, del que evidentemente le separa ideológicamente un abismo, pero que entre sus filas no tiene a ningún terrorista y sí a víctimas de ETA como José Antonio Ortega Lara.

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