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Fractura total

La fractura entre las víctimas del terrorismo y el actual Gobierno del PP es, a día de hoy, total.

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La labor de desgaste, de división, de ninguneo, de arrinconamiento de las víctimas del terrorismo que llevó a cabo Zapatero durante su proceso de negociación política con ETA y que ha continuado con Rajoy en La Moncloa ha dado sus frutos. Se pudieron ver, palpar y sentir con motivo de la concentración convocada por la Fundación Denaes que tuvo lugar en la Plaza de la República Dominicana de Madrid el pasado viernes.

La fractura entre las víctimas del terrorismo y el actual Gobierno del PP es, a día de hoy, total. La excarcelación, hasta la fecha, de más de sesenta presos de ETA a raíz de la derogación de la Doctrina Parot por parte del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y la rapidez con la que se han puesto a la tarea el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, junto a la inacción del Gobierno para oponerse o al menos dilatar la aplicación de dicha sentencia, han sido la gota que ha colmado el vaso, pero reconozcamos que el vaso estaba ya muy lleno desde hace tiempo.

Las víctimas del terrorismo se sienten, y con razón, doblemente víctimas. Primero les mataron a sus seres queridos y, años más tarde, los Gobiernos –el de Zapatero y el de Rajoy– y otras instituciones –fundamentalmente el Tribunal Constitucional y algunos jueces de la Audiencia Nacional– les traicionan llevando a cabo –unos– o apoyando –otros– un proceso de negociación con ETA que implica concesiones de tipo político –legalización de las diferentes marcas de la banda terrorista y vuelta de esta a las instituciones– o de tipo penitenciario, como las que se están produciendo en estas semanas.

Qué razón tenía Pilar Ruiz, la madre de los Pagazaurtundua, cuando dijo aquello de: "Haréis y diréis cosas que nos helarán la sangre". Y aunque esas palabras fueran dirigidas en aquel momento al secretario general del PSE, Patxi López, son perfectamente aplicables por extensión al José Luis (Rodríguez Zapatero), al Alfredo (Pérez Rubalcaba), al Mariano (Rajoy) o al Iñaki (Oyarzabal) de turno.

La fractura en y con el colectivo de víctimas del terrorismo expulsó ya hace mucho tiempo al PSOE de su lado. Eso no era de extrañar en un partido que antepuso la negociación política para acabar con ETA a la derrota de la banda mediante la ley y sólo con la ley. De ahí que el PSOE sea el partido de los atajos en la lucha contra el terrorismo, llámense esos atajos GAL o Faisán. El grito de "En mi nombre no" lanzado por las víctimas del terrorismo en numerosas manifestaciones durante la negociación de Zapatero con ETA nunca fue atendido por el expresidente en un claro desprecio a las propias víctimas.

Pero lo que muy pocos esperaban era que el actual PP se incorporara a esa dinámica de ninguneo y falta de respeto a las víctimas del terrorismo. Lo más grave para estas y para los ciudadanos ha sido la continuidad del actual Ejecutivo de la hoja de ruta pactada por Zapatero con ETA. Una hoja de ruta que incluía esta amnistía encubierta a presos de la banda que estamos viendo en estas semanas.

Además, ya se cuidó mucho el Gobierno y el PP cuando llegaron al poder hace dos años de quitar de la presidencia de la Fundación Víctimas del Terrorismo a Maite Pagazaurtundua –persona que, aunque de pasada militancia en el PSE, supo desempeñar su función con solvencia e independencia– y sustituirla por otra persona más dócil y manejable para los intereses gubernamentales como María del Mar Blanco: ¡qué papelón está haciendo la hermana de Miguel Ángel desde el Congreso del PP de Valencia del 2008, cuando Rajoy le ofreció entrar en la Ejecutiva nacional para paliar el efecto negativo de la marcha de María San Gil! No contentos con ese cambio, también pusieron en marcha un proceso para desactivar a la AVT, mimando hasta la extenuación –¿verdad, Jorge Fernández Díaz?, ¿verdad, Iñaki Oyarzabal?– a su actual presidenta, Ángeles Pedraza, que por otra parte se ha dejado mimar no manteniendo la aconsejable, prudente y saludable distancia que la presidenta de una asociación de víctimas del terrorismo debe mantener respecto a los despachos del poder.

El actual PP de Rajoy podrá no estar –no hubo ningún dirigente en la del pasado viernes– en las concentraciones de las víctimas del terrorismo; podrá comprar voluntades primando a unas asociaciones de víctimas frente a otras; podrá ningunear –también a través de los medios de comunicación que le son serviles– actos como el de Denaes; pero lo que no podrá evitar es que en una buena parte de su electorado haya calado la convicción de que esa actitud es profundamente inmoral e indigna de un partido que no solamente ha estado siempre al lado de las víctimas del terrorismo, sino que cuenta entre sus filas con muchos asesinados por ETA.

Porque estamos hablando del partido de Gregorio Ordóñez, de Miguel Ángel Blanco, de José Luis Caso, de José Ignacio Iruretagoyena, de Alberto Jiménez Becerril, de Tomás Caballero, de Manuel Zamarreño, de Jesús María Pedrosa, de José María Martín Carpena, de Manuel Indiano, de José Luis Ruiz Casado, de Francisco Cano, de Manuel Jiménez Abad, de José Javier Múgica, todos ellos asesinados por ETA entre 1995 y el 2001 por el simple hecho de militar y ser cargos públicos del PP o de UPN. El mismo partido del que era militante cuando fue secuestrado José Antonio Ortega Lara y del que posteriormente se dio de baja, mientras que uno de sus secuestradores, Josu Bolinaga, fue puesto en libertad por este Gobierno.

Seguramente muchos de los actuales dirigentes del PP –con Rajoy a la cabeza– respiraron tranquilos cuando, a media tarde del pasado viernes, tuvieron conocimiento de que la concentración de Denaes en favor de las víctimas del terrorismo sólo había logrado convocar a unas tres mil personas, una cifra realmente pobre si se tiene en cuenta la gravedad del momento que se está viviendo. Pero esos mismos dirigentes deberían pensar que a esa cifra probablemente habría que añadirle algunos ceros para evaluar correctamente cuántos votantes del PP están indignados con la actitud del Gobierno y del partido que le apoya y piensan castigar a éste negándole su voto. Porque no todo es economía, señor Rajoy, aunque usted, Arriola y algunos de los dirigentes de su partido piensen que si.

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