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Cayetano González

Ideología, incompetencia y propaganda

Confío en que todo esto pase factura al Gobierno. Si piensan que los españoles son tontos o no tienen memoria, se equivocan de plano.

Cayetano González
Cayetano González
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Pongámonos en el supuesto de que uno quisiera, por encima de cualquier otra consideración, cerrar filas con el Gobierno, apoyarlo sin fisuras en este momento tan grave que se está viviendo por mor de la pandemia del coronavirus, que se ha cobrado ya más de 7.200 vidas de compatriotas, cifra que por desgracia seguirá creciendo en las próximas semanas.

Es el propio Gobierno del binomio Sánchez-Iglesias –como acertada y machaconamente subrayó Santiago Abascal en el nocturno Pleno del Congreso de la pasada semana– el que lo ha puesto muy difícil, por las tres actitudes o comportamientos que definen su actuación y que dan pie al titular de este artículo.

Ideología a mansalva es lo que está queriendo colar este Gobierno socialista-comunista aprovechando la tragedia de la pandemia. Desde las loas de Sánchez, merecidas en todo caso, a la sanidad pública, pero ninguneando a la sanidad privada, que también está aportando su capacidad y competencia en estos graves momentos, hasta las medidas económicas impulsadas e impuestas por el sector podemita del Ejecutivo, las referidas al cese de actividades no esenciales o la prohibición de llevar a cabo despidos durante este periodo de estado de alarma, presentando a los empresarios como los malos de la película. Un intento, en definitiva, de preparar el terreno para, cuando la situación sanitaria mejore, cambiar el modelo social y económico que, con sus imperfecciones, ha venido funcionando en los países democráticos.

El capítulo de incompetencia requeriría mucho más espacio del que se dispone en una columna periodística. Como paradigma, baste recordar el fiasco de la compra de unos tests, falsos, no fiables, a China y las explicaciones dadas al respecto por los Illa y Simón de turno, o por la inefable ministra de Asuntos Exteriores: nos ofrecieron una ganga y resultó ser una ganga, vino a decir la jefa de nuestra diplomacia. Por no hablar del fiasco del retraso de la publicación en el BOE del listado completo de empresas y sectores que podían ir este lunes a trabajar, creando un monumental desconcierto en las personas que no sabían bien entrada la noche si podían ir o no a su puesto de trabajo.

En cuanto a la propaganda de la que hacen uso este Gobierno y sus numerosas terminales mediáticas, resulta ya algo escandaloso. Las interminables ruedas de prensa de Sánchez para no decir prácticamente nada, para no hacer la mínima autocrítica; las comparecencias diarias de Fernando Simón, llenas de pronósticos sobre el famoso pico de la curva; la verborrea cansina, vacía de contenido, de la ministra portavoz, lanzando fervorines de agradecimiento y ánimo a la población, como si a esta le ayudase o le importase algo lo que diga la señora Montero; los mítines de Pablo Iglesias o de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, emitidos desde la Moncloa, llenos de ideología barata y de un sectarismo repugnante en los momentos que estamos viviendo...

Confío en que todo esto pase factura al Gobierno. Si piensan que los españoles son tontos o no tienen memoria, se equivocan de plano. Es verdad que ahora la preocupación principal debe ser el frente sanitario y, en segundo lugar, el económico, porque la vida tiene que seguir y la gente tiene que vivir. Pero claro que habrá que exigir todo tipo de responsabilidades políticas al Gobierno de Sánchez-Iglesias cuando la pandemia remita.

No querría terminar esta columna sin tener un recuerdo muy especial para una de las mejores personas que he conocido en mi vida, fallecida este domingo. Me refiero a Gabriel Moris, que perdió a su hijo Juan Pablo en el atentado del 11-M y que fue desde entonces un luchador infatigable para que se conociera la verdad de lo que pasó aquel fatídico día. Presa de una enfermedad que le tuvo durante estos últimos años en una silla de ruedas, Gabriel era una persona alegre, positiva, con una enorme fortaleza moral que sacaba de su fe. Estoy seguro de que Dios le habrá acogido con los brazos abiertos en el cielo. Un abrazo muy fuerte para su viuda, Pilar, para su hija, para el resto de su familia y para todos los amigos, que éramos muchos, de Gabriel. Descanse en Paz.

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