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Las incoherencias de Basagoiti

Va tener una auténtica prueba de fuego cuando deba decidir si participa en la denominada 'ponencia de paz' del Parlamento vasco, con EH-Bildu.

Cayetano González
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Hizo muy bien el presidente del PP del País Vasco, Antonio Basagoiti, en leer el pasado viernes en el Parlamento autonómico la lista con los nombres de las 857 personas que han sido asesinadas por ETA a lo largo de sus mas de cincuenta años de macabra existencia. Días antes, la portavoz de la marca de ETA en esa Cámara, Laura Mintegi, había cometido la inmoralidad de decir, refiriéndose al asesinato del socialista Fernando Buesa, que esa fue una muerte que se podía haber evitado porque tenía un "origen político". Al menos, Basagoiti consiguió que tanto Mintegi como el resto de parlamentarios de EH-Bildu tuvieran que escuchar durante más de diecisiete minutos la interminable lista de los crímenes de ETA, que ni han condenado ni condenarán; ni han pedido ni pedirán perdón a las víctimas por el dolor causado.

Reconocido el acierto del líder de los populares vascos por esa intervención parlamentaria, que sirvió también para rendir un homenaje a la memoria de las víctimas del terrorismo, habría que decir que en política, como en el resto de órdenes de la vida, conviene ser coherente siempre, o al menos intentarlo. Y en este intento, a Basagoiti y al resto de dirigentes del actual PP vasco se les ha pillado en diferentes ocasiones en unas flagrantes incoherencias.

Por ejemplo, uno echó en falta que Basagoiti cesara o al menos desautorizara públicamente a su compañero de filas y presidente del PP de Guipúzcoa, Borja Sémper, cuando hace tres meses dijo aquello de que "el futuro de Euskadi se tiene que construir también con Bildu". Lo mismo con el alcalde de Vitoria, Javier Maroto, que se ha jactado en diversas ocasiones de la buena relación que mantiene con los concejales de Bildu, con los que además es muy agradable irse de potes.

 Por ejemplo, uno echó en falta que Basagoiti no se opusiera, más bien hay que pensar que en su momento dio su beneplácito, a la decisión política que tomó el pasado verano el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, de conceder el tercer grado penitenciario al torturador-secuestrador de Ortega Lara, Josu Uribetxeberria Bolinaga, lo que derivó en su puesta en libertad y en que desde entonces pueda pasearse tranquilamente por las calles de Mondragón, la misma localidad guipuzcoana donde mantuvo secuestrado 532 días al citado Ortega Lara.

Por ejemplo, uno echó en falta que Basagoiti le dijera algo a su número dos en el PP vasco, Iñaki Oyarzabal, cuando calificó de "extrema derecha" a las asociaciones de víctimas del terrorismo que osaban discrepar de la política antiterrorista seguida por el actual Gobierno del PP.

Estos son sólo tres ejemplos que ponen de manifiesto no sólo la incoherencia, sino la falta de autoridad y de liderazgo que en algunos momentos ha demostrado el actual presidente de los populares vascos. Quizá no esté de más recordar que Basagoiti llegó a ese puesto tras la salida traumática de María San Gil, en el verano del 2008, haciendo excesivas concesiones al clan alavés, compuesto por Alfonso Alonso, Iñaki Oyarzabal y Javier Maroto.

Pero Basagoiti va tener todavía una oportunidad, una auténtica prueba de fuego, para medir su coherencia, antes de que dentro de unos meses deje –según anunció él mismo tras el batacazo electoral de las autonómicas– la presidencia del PP vasco. Me refiero a la decisión de participar o no en la denominada ponencia de paz que el lehendakari Urkullu quiere poner en marcha en el Parlamento vasco, y en la que estaría EH-Bildu.

Hasta ahora el PP se ha resistido a compartir mesa con quien, reitero, ni ha condenado los crímenes de ETA ni ha pedido perdón a las víctimas del terrorismo, y además quiere escribir un relato de lo sucedido en clave de conflicto político equiparando a las víctimas con sus verdugos. Seguramente Basagoiti esté en contra de participar en esa ponencia. Pero hay otros en su partido –Oyarzabal, Semper, Maroto y alguna vizcaína trepadora– que no piensan lo mismo y son partidarios de "normalizar" las relaciones con EH-Bildu. Si el PP quiere seguir haciéndose irreconocible para su electorado y avanzar un poco mas hacia la marginalidad en la vida política vasca no tiene más que acudir a esa ponencia y sentarse a debatir sobre la "pacificación y normalización" con los amigos de ETA.

Si al final esto es lo que ocurre, Basagoiti se podría haber ahorrado la lectura de los nombres de las 857 personas asesinadas por la banda terrorista. Si consigue evitarlo, habrá prestado, antes de irse, un importante servicio no tanto a su partido como a los valores y principios que el PP vasco ha defendido durante muchos años, bajo el liderazgo de personas como Jaime Mayor Oreja, María San Gil o Carlos Iturgaiz, y por los que fueron asesinados un buen número de concejales y cargos públicos populares. Y de paso habrá conseguido ser coherente con su buena actuación de la pasada semana en el Parlamento regional.

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