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No marear a los españoles

Pedro Sánchez pretende ocultar la obligación constitucional que tiene de presentar los Presupuestos ante el Congreso.

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En un gesto realmente enternecedor, el presidente del Gobierno anunció urbi et orbi desde Guatemala, donde asistía a la Cumbre Iberoamericana, que si no cuenta con los apoyos necesarios no presentará en el Congreso los Presupuestos Generales del Estado, porque, y aquí está el momento Sánchez, no quiere marear a los españoles… Esto último lo dijo como si los españoles no estuvieran ya suficientemente mareados con los continuos cambios de criterio –"rectificaciones" lo llaman algunos–, ocurrencias, improvisaciones que sobre esta y otras materias llevan a cabo un día sí y otro también el jefe del Ejecutivo y sus ministros.

Con ese argumento de "no marear a los españoles", Sánchez pretende ocultar la obligación constitucional que tiene de presentar los Presupuestos ante el Congreso. El artículo 134.3 de la Carta Magna dice textualmente:

El Gobierno deberá presentar ante el Congreso de los Diputados los Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior.

Pero es más cómodo falsear la realidad, intentar justificar con medias verdades lo que es injustificable, algo que se ha convertido ya en una pauta de conducta de muchos políticos de uno y otro signo. Si no, véase y sobre todo léase el infumable whatsapp del portavoz del PP en el Senado, Ignacio Cosidó, a los miembros de su grupo parlamentario, intentando explicarles lo inexplicable: el acuerdo al que su partido llegó con el Gobierno para entregarle la mayoría en el Consejo General del Poder Judicial.

La realidad es que si Sánchez no presenta en el Congreso los Presupuestos para el próximo año es por una razón de índole estrictamente política: quiere evitar la derrota y el desgaste que le supondrían un rechazo de las cuentas públicas por falta de apoyo de los partidos independentistas catalanes y de los nacionalistas vascos. Ni más ni menos. Los daños colaterales da toda la impresión de que están controlados por el inquilino de la Moncloa: gobernará con los PGE de Rajoy y lo que necesite cambiar lo hará a través del sistema, tan poco habitual en política presupuestaria, del decreto-ley.

Respecto a un posible adelanto electoral, el viento sopla a favor de los intereses de Sánchez. Los resultados en Andalucía dentro de doce días previsiblemente confirmarán que el frente PSOE-Podemos se mantiene; que el PP y su nuevo líder, Pablo Casado, tienen por delante una ardua tarea de regeneración y recuperación, si quieren volver a ser una alternativa real de gobierno; que Ciudadanos sigue siendo más una incógnita que una realidad y que Vox puede irrumpir con una presencia que puede ser determinante para la configuración de Gobiernos locales y autonómicos.

Es una obviedad que Sánchez convocará las generales cuando le resulte más conveniente. ¿Antes de las europeas, municipales y autonómicas de mayo? Lo dudo mucho. El Gobierno frentepopulista que conforman PSOE y Podemos necesita ganar tiempo para consolidar su proyecto. ¿Hacerlas coincidir con esas tres elecciones? Tiene sus riesgos, porque el ciudadano medio no está acostumbrado a un superdomingo de cinco urnas con comicios de naturaleza tan diferente. En la lógica de las cosas está que Sánchez aguante como mínimo hasta el próximo otoño; y entonces sí, sobre todo si las municipales y autonómicas le han ido bien, convocará elecciones.

Si además el PP de Casado sigue sin despegar y cometiendo errores tan tremendos como el de la renovación del CGPJ, que tanto ha desconcertado a sus votantes, entonces todo es posible, y más con un presidente tan comprensivo que no quiere marear a los españoles.

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