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Pico y pala

En mayo lo que se juega es el afianzamiento del frente popular-populista-independentista que hoy gobierna en la Moncloa.

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Hizo bien Pablo Casado en reivindicar la "escuela del pico y pala", instaurada en su día por Esperanza Aguirre, en el acto de presentación de los candidatos del PP al Ayuntamiento de la capital de España y a la Comunidad de Madrid. Porque, efectivamente, estos dos jóvenes candidatos –Martínez Almeida y Díaz Ayuso– y el propio Casado van a tener que utilizar mucho el pico y la pala para imponerse en unas elecciones municipales y autonómicas que se presentan tremendamente reñidas, con un resultado incierto, y en las que lo lógico es que sean necesarios pactos a dos o tres bandas para poder gobernar en ambas instituciones.

Aunque el domingo 26 de mayo hay elecciones municipales en toda España y autonómicas en trece comunidades –todas menos País Vasco, Cataluña, Galicia y Andalucía–, lo que pase en Madrid tendrá una especial relevancia política, mucho más pensando en las siguientes elecciones generales, todavía sin fecha fija; pero que si hay que hacer caso a las intenciones expresadas por el presidente del Gobierno, lo cual es un ejercicio de alto riesgo, serán en el otoño de este año o en la primavera del próximo.

Casado ha elegido como candidatos en Madrid a dos personas que representan perfectamente lo que el nuevo presidente del PP tiene en mente desde el momento en que se presentó a las primarias: recuperar los valores y los principios que hicieron del PP durante bastantes años el referente del centroderecha; hasta que Rajoy acabó convirtiéndolo en un "detritus burocrático mal organizado", en acertada definición hecha por un alto cargo popular en la etapa de Aznar.

A esa herencia de un partido en descomposición ideológica que recibió Casado hay que sumar la irrupción, inesperada para muchos, de VOX. Su excelente resultado en Andalucía y las expectativas electorales que le otorgan todas las encuestas ponen de relieve que el partido de Abascal ha venido para quedarse. Hay muchos antiguos votantes del PP que, cansados de tanto esperar a que este partido cambiase, ya tienen decidido votar a VOX, y será muy difícil que modifiquen ese criterio de aquí a mayo.

Por eso Casado, Martínez Almeida, Díaz Ayuso y en general todos los candidatos del PP se van a tener que emplear a fondo con el pico y la pala. En Madrid, eso es una evidencia. En el Ayuntamiento de la capital de España, Ciudadanos va a presentar a una excelente candidata, Begoña Villacís, que lleva cuatro años trabajando intensamente desde la oposición, al igual, por cierto, que Martínez Almeida. VOX, aunque todavía no lo tiene decidido oficialmente, parece que puede presentar como candidata a Rocío Monasterio, una persona con carácter, con empuje, con fuerza en la defensa de sus ideas, que puede conectar muy bien con un sector del electorado del centroderecha que vota en Madrid. Enfrente sólo tendrán a Manuela Carmena, porque las expectativas electorales del PSOE son pésimas.

Sin embargo, en la comunidad, Ciudadanos tiene un peor candidato, Ignacio Aguado, y la batalla se dará más entre la candidata popular, Isabel Díaz Ayuso, y el tándem de la izquierda PSOE-Podemos, representado por Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón, sin obviar al candidato o candidata de VOX, que, como se ha visto en Andalucía, no importa tanto el grado de conocimiento que se tenga de él, porque al final, en el caso de VOX, se votan más las siglas.

En estas elecciones en Madrid, como en el resto de España, estará en juego algo más que la elección de unos alcaldes o presidentes autonómicos. En mayo lo que se juega es el afianzamiento del frente popular-populista-independentista que hoy gobierna en la Moncloa o su sustitución por Gobiernos que defiendan el régimen constitucional del 78 y la libertad por encima de cualquier otra consideración. Y en esta segunda opción el PP, Ciudadanos y VOX estarán condenados a entenderse, como al final ha sucedido en Andalucía.

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