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Cayetano González

Reacción social

Una gran parte de la sociedad está ya harta de este presidente, de sus obsesiones y de los socios en los que se apoya.

Una gran parte de la sociedad está ya harta de este presidente, de sus obsesiones y de los socios en los que se apoya.
Miles de personas en la plaza de Colón de Madrid, en la manifestación en contra del aborto celebrada este domingo. | Neos

El batacazo sufrido por Pedro Sánchez y lo que queda de su partido en las elecciones andaluzas del 19-J ha provocado una reacción inmediata en el presidente, que, so capa de querer dar un impulso político al Gobierno, no ha parado en barras a la hora de tomar o impulsar algunas decisiones muy cuestionables y polémicas.

Tomar el control de una empresa estratégica como es Indra sirviéndose de la colaboración de un grupo mediático como Prisa; buscar cómo hacerse con la mayoría en el Tribunal Constitucional mediante el nombramiento de dos vocales afines; cambiar al responsable de un organismo público como el INE sólo porque sus estudios e informes no son del agrado del Gobierno; convocar deprisa un Consejo de Ministros extraordinario para aprobar una serie de medidas económicas que son sólo unos parches ante la grave crisis que afrontan muchas familias; anunciar la bajada del IVA de la factura de la luz del 15 al 10%, cuando días antes miembros del propio Gobierno habían dicho que eso no se contemplaba…: he aquí algunos movimientos de un presidente acosado y muy afectado por un duro revés electoral.

La cara de palo y de profundo cabreo que tenía Sánchez en la Ejecutiva del PSOE celebrada al día siguiente de las andaluzas era todo un síntoma de lo mal que había asimilado el varapalo sufrido en un territorio en el que los socialistas habían gobernado la friolera de treinta y siete años y que siempre había sido su granero de votos más importante.

Sánchez sabe perfectamente que su tiempo al frente del Gobierno tiene fecha de caducidad: las próximas elecciones generales, que serán, si no las adelanta, a finales del próximo año. Pero mientras tanto seguirá traspasando los límites que sean necesarios, en un intento a la desesperada de salvarse él y solo él de la debacle que todas las encuestas predicen: triunfo del PP y mayoría absoluta holgada para el centro-derecha, sumando los escaños de los populares y los de Vox.

Sánchez se dará esta semana un baño de autocomplacencia con motivo de la cumbre de la OTAN en Madrid. Se hará la foto tan deseada con Biden en la Moncloa e igualmente posará con otros líderes mundiales. Pero eso acaba el jueves. Y después qué. Después seguirá su lenta pero imparable decadencia política. Seguirá sin poder pisar la calle por temor a que lo increpen. Una gran parte de la sociedad está ya harta de este presidente, de sus obsesiones y de los socios en los que se apoya para permanecer en el poder.

Este domingo hubo una muestra clara y de alguna manera sorpresiva de que hay una base social que se revela contra esta manera de gobernar. Convocados por la plataforma NEOS, que impulsan y lideran Jaime Mayor Oreja y María San Gil, unas 40.000 personas salieron a las calles de Madrid para mostrar su oposición a la actual ley del aborto, a la de la eutanasia y a todas las iniciativas de ingeniería social llevadas a cabo por este Ejecutivo que afectan a la naturaleza y a la dignidad de la persona.

Fue una demostración de la capacidad de reacción de una parte de la sociedad, no menor, que se siente agredida por este Gobierno ideologizado en cuestiones que tienen una gran carga moral, ética y antropológica. "¡Basta ya!" fue el grito más repetido en esa manifestación.

En Andalucía hubo un voto de castigo contra Sánchez, como lo habrá en las municipales y autonómicas de mayo del próximo año. El final del presidente, ya digo, llegará en las generales. Intentará resistir, pero lo va a tener tremendamente difícil porque, por distintos motivos, una parte importante de la sociedad está ya muy harta.

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