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Cristina Losada

Ciudadanos y el efecto mariposa

A los de Cs de Murcia el efecto dominó les importará un pimiento, pero al partido a nivel nacional le va en ello la supervivencia.

A los de Cs de Murcia el efecto dominó les importará un pimiento, pero al partido a nivel nacional le va en ello la supervivencia.
Inés Arrimadas, en una imagen de archivo. | EFE

No se puede decir que el núcleo dirigente de Ciudadanos desconociera la ruda maniobra que preparaba el partido en Murcia para derribar su Gobierno de coalición con el PP. No se puede decir tal cosa, porque la propia dirigente nacional la ha asumido y la ha hecho suya. Lo que sí se puede decir es que la cúpula de Ciudadanos ignoraba los efectos que tal maniobra podía tener en otros Gobiernos autonómicos que comparte con el Partido Popular. El aspecto más revelador –y más desolador– de esta maniobra es la inconsciencia que la rodeaba. La absoluta falta de anticipación de los movimientos que podía desencadenar. La incapacidad para percibir que, al consumarse, todos los Gobiernos de coalición con el PP se pondrían automáticamente en riesgo. 

Resulta casi increíble que no lo vieran. No será porque haya sido una maniobra improvisada. De una similar en Madrid se ha hablado hasta la saciedad. Ha tenido tiempo el partido para darle vueltas al asunto y sopesar sus pros y sus contras. Y, sin embargo, nada. No lo han visto venir. Creían que lo que pasara en Murcia se quedaría en Murcia, ajenos a la dinámica política que proyecta, a distintos lugares y planos, una quiebra de confianza de ese calibre entre los socios de una coalición. No era el cantón murciano haciendo de las suyas. Era el cantón, sí, con sus propios intereses, pero era también el núcleo duro de la dirección nacional. He ahí lo incomprensible. A los de Ciudadanos de Murcia el efecto dominó les importará un pimiento, pero al partido a nivel nacional le va en ello la supervivencia.

No se puede decir tampoco que la maniobra fuera sutil. La despedida a la francesa es cortesía si se compara. Cierto que en política no hay cortesías que valgan, pero la falta de fineza sólo funciona cuando sales ganando. Si quieres romper con tu socio de Gobierno, lo inteligente –y lo inteligible– es primero romper y después cambiar de bando. Sólo los tránsfugas más descocados cambian de bando sin previo aviso, con nocturnidad y alevosía, sin ese entreacto teatral que prepara al público –a tu público– para el drástico cambio de alianzas en el que estabas pensando.  

Quien se ha anticipado es la presidenta de Madrid. Su decisión es arriesgada, pero más riesgo corría si daba tiempo a que cuajara una maniobra similar, más aún cuando ha habido indicios de que era posible. Una vez rota la confianza del PP en Ciudadanos, por obra y gracia de lo de Murcia, lo que ha hecho Ayuso es de pura lógica. Lo de Murcia no se queda en Murcia. Eso sólo lo pueden creer unos amateurs de la política. Será inútil explicárselo: o lo ves o no lo ves. Es como los chistes, o los pillas o no. Es cuestión de experiencia y de instinto. Los que no tienen ni lo uno ni lo otro, por lo menos habrán oído hablar del efecto mariposa. Lo raro será que el huracán no se lo lleve todo.

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