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El código fuente de la corrupción de Sánchez

Nada más llegar a Moncloa, Sánchez empezó a tejer el cesto adecuado para que prosperaran en él, tranquilamente, las manzanas podridas.

Nada más llegar a Moncloa, Sánchez empezó a tejer el cesto adecuado para que prosperaran en él, tranquilamente, las manzanas podridas.
29/06/2026.- Pedro Sánchez interviene en la inauguración de la nueva sede de ONU Turismo, en Madrid. | Efe

El Comité Federal del PSOE tenía que haberse celebrado delante de una pantalla por la que pasaran, como en la lluvia digital de Matrix, los mensajes recogidos en el informe de la UCO difundido el día antes. Mensajes como: "piensa en que Barrabés es la buena… y las demás han de bajar sí o sí". Y: "nosotras echando numeritos para que los super jefazos señalen con los dedazos". Así se hacen las cosas para favorecer a los amigos con contratos millonarios. A los amigos que, a su vez, ayudan. Nada es gratis y, en estos negocios, amigo no es sinónimo de amistad, pero el mencionado tenía el buen tino de ayudar a la mujer del presidente del Gobierno a montar una cátedra en la Complutense extraordinaria y muy digital. Qué paraguas inmenso y etéreo proporciona una Agenda Digital lo suficientemente nueva, vaga y cargada de millones como para admitir la selección de favoritos. Al instante abre la opción digital física y clásica, ese dedazo que denunciaba el mensaje funcionarial, eso sí, muy privadamente, porque el complemento del "jefazo" es "yo solo soy un mandao".

El Comité, formado por unas trescientas personas que no son los 300 de Esparta en las Termópilas, aceptó la evasiva de que todos los casos de corrupción que implican a miembros del partido son de "personas concretas que se aprovecharon de sus posiciones" y que ninguna otra persona concreta del partido sabía de sus actividades ilícitas y turbias. Por obediencia y por pura supervivencia aceptó algo imposible de creer, pero aunque creyera con los ojos cerrados en la teoría de la manzana podrida: ha de saber y sabe lo que hizo Pedro Sánchez en cuanto llegó al Gobierno, ocho años atrás. Y es que hizo algo que fue decisivo para que tuvieran éxito los aprovechados. Nada más entrar en La Moncloa, Sánchez empezó a tejer el cesto adecuado para que prosperaran en él, tranquilamente, sin molestias, sin vigilancia, con la cooperación de todos, las manzanas podridas. El cesto fue un cambio masivo de directivos de empresas públicas y altos cargos de la Administración, como no se había visto en años.

La cantidad de colocados por el dedo de Sánchez en las esferas donde se deciden asuntos como a quién adjudicar un contrato millonario llamó la atención, incluso en un país como el nuestro, acostumbrado a que cese hasta el apuntador cuando hay un cambio de Gobierno. Precisemos: llamó la atención en 2018. Todavía estaba fresco el aire de "regeneración" que se respiraba después de una tanda de escándalos de corrupción que parecía, erróneamente, inigualable. Entonces se le reprochó a Sánchez que después de comprometerse a acabar con las puerta giratorias, las pusiera a girar a tope y metiera por ellas a su jefe de gabinete, Juan Manuel Serrano, de presidente de Correos, sin experiencia homologable, o a un licenciado en Filosofía como presidente de la sociedad de gestión del uranio, Enusa. Claro que si hoy se recuerda algo de esto es sólo porque en las dos empresas recaló Leire Díez. Casualidades de la vida socialista.

Como si lo tuviera pensado y previsto, desde su primer minuto en el poder, Pedro Sánchez preparó el ecosistema perfecto para que la corrupción pudiera medrar, agarrada como una hiedra a los hombres y mujeres del partido colocados en altos cargos sin otro currículo que el de ser fieles al jefazo. Aún no se habían secado las promesas "regeneracionistas", cuando el cesto estaba listo y las manzanas dispuestas a colaborar en la pudrición. Llenar las administraciones y el sector público de gente del partido que hará lo que sea por conservar el favor del líder es el auténtico código fuente de la corrupción.

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