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El sacrificio separatista

Con estos resultados nadie cantaría victoria. Pero los separatistas catalanes se han especializado en cantar derrotas. El más feliz de todos es Puigdemont.

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El prófugo Carles Puigdemont, en imagen de archivo | EFE

El ayuno ha terminado. El de los "políticos presos", según cierta prensa que por no poner "golpistas" o "separatistas" induce a confusiones. Pues hay más políticos presos en España. Los cuatro de la prisión de Lledoners han levantado su ayuno después de dos semanas y media porque, dicen, han conseguido sus objetivos. Claro que ahí siguen, encerrados por el presidente Torra, que es el que tiene la llave. Pero sus objetivos, lejos de apuntar tan alto, eran singularmente modestos. Se proponían "dar visibilidad a su situación procesal", cosa que resultaba fácil y hasta redundante, porque es ampliamente conocida desde su detención: no hay situación procesal de la que más se haya informado y debatido en España en el último año. Y querían remover conciencias, algo que no hay manera de cuantificar si han logrado. En cambio, sí se ha cuantificado con precisión la masa corporal que han removido: de un 10 a un 11 por ciento.

No ha habido ningún cambio en la situación procesal de los golpistas presos que no respondiera al trámite ordinario de los tribunales. Y esos cambios no pintan bien para ellos. El Constitucional acaba de denegar a Jordi Sànchez, el que tan chulescamente dirigió el asedio a la comitiva judicial en la Consejería de Economía de la Generalidad, la solicitud de puesta en libertad que había presentado alegando una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre un preso kurdo en Turquía. Al tiempo, se ha sabido que el fiscal del Tribunal de Cuentas va a acusar a dieciocho altos cargos del Gobierno catalán que organizó el 1-O de desviar dinero público por una cuantía que, como mínimo, será de 8 millones de euros. Los cuatro ayunadores están incluidos en la causa y es posible que se les embarguen sus bienes, como es habitual en los procedimientos de ese tribunal.

Con estos resultados nadie cantaría victoria. Pero los separatistas catalanes se han especializado en cantar derrotas. El más feliz de todos es Puigdemont, que no dejó de cenar un solo día en señal solidaria con los ayunadores que le siguieron en el golpe, aunque no en la fuga. Ha dicho que han conseguido sacudir "conciencias democráticas de todo el mundo", con lo que debo suponer que se refiere a la conciencia de la actriz Pamela Anderson, que les mostró su apoyo en su cuenta de Twitter. Si hay más conciencias (notables) del mundo que lo hicieran, lo siento, pero no aparecen. Culpen a Google.

El fin del ayuno es bueno para todos. Para los que ayunaban, sin duda, pero también para los partidos separatistas, que así pueden abrirle la puerta de los Presupuestos al Gobierno y evitar una convocatoria de elecciones poco conveniente. Pero ahora que ha acabado queda algo por hacer. Es justo y necesario que todos los que compararon lo de Sánchez, Forn, Turull y Rull con la huelga de hambre de Bobby Sands rindan cuentas de aquello que lanzaron al viento propagandístico. Sands, que era un preso del IRA, murió después de 66 días en huelga de hambre, igual que otros nueve que secundaron la protesta en 1981. El separatismo y su entorno mediático no tendrían que haber puesto tan arriba el listón de los ayunadores. Prácticamente los estaban incitando a llevar su ayuno hasta la muerte. Qué maldad. Pese a esas exhortaciones al sacrificio total, los cuatro han tenido la sensatez de dejarlo aun sin haber logrado nada. Los límites del sacrificio han quedado claros, otra vez. La farsa puede continuar.

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