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Frankenstein eres tú

Para el PP los nacionalistas son muy malos cuando son otros los que pactan con ellos.

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Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en imagen de archivo | EFE

Ahora que todo el mundo está agradablemente sorprendido por la composición del Gobierno de Pedro Sánchez, no es el momento. Tampoco hay ocasión, porque a Frankenstein no se le ve el pelo en un Gabinete que es puro PSOE, salvo el astronauta, que viene de fuera. Pero el momento de la sorpresa agradable pasará, como pasan todos los momentos y sorpresas agradables, y llegará el instante adecuado para que aparezca el monstruo con su siniestra fisonomía y su amenazante personalidad. Es decir, llegará el instante propicio, o así lo pensarán en el PP, para sacar de nuevo a escena a esa criatura caótica y peligrosa que tan útil le ha resultado para contener las fugas de votantes y erigirse en única alternativa a un desorden letal para España.

En estos años de fragmentación política, Frankenstein ha sido el gran ayudante electoral del PP. Apareció oculto en aquel pacto secreto entre Sánchez e Iglesias que denunciaron los populares cuando el intento fallido de investidura del socialista y justo después. Tomó la forma despreciable de "coaliciones de perdedores", dispuestos a ganar en los despachos lo que habían perdido en las urnas. Y se encarnó en posibles cuatripartitos o tripartitos varios que asomaban su inquietante rostro detrás de unas u otras urnas autonómicas. Por lo general, la criatura cumplió bien su papel, y el PP pudo salir de los difíciles trances sin sufrir pérdidas tan cuantiosas como las que se habían pronosticado. Es lógico, por tanto, que volviera a recurrir al monstruo en cuanto Sánchez, con el concurso de Podemos y los nacionalistas, cantó moción de censura.

El último discurso de Mariano Rajoy como presidente del Partido Popular, su testamento político, por así decir, ofrece de hecho un buen compendio de los Frankensteins descritos. Están los perdedores de elecciones, que llegan, ahora sí, al Gobierno. Está la continuidad entre aquel pacto secreto y lo que acaba de ocurrir: "El señor Sánchez nunca renunció a su idea del Gobierno Frankenstein desde que empezó a negociarlo en el año 2016". Aparecen las amenazas de "futuro muy incierto", "debilidad extrema", "inestabilidad", "bloqueo" y "dificultades para la gobernación". No faltan las alusiones a los "pésimos compañeros de viaje" y se alerta de que "resulta inquietante la fragilidad política del nuevo Gobierno cuando la situación de Cataluña y sobre todo, en las calles de Cataluña, dista mucho de estar calmada". Lo dice el mismo Rajoy que apremiaba a los separatistas para que formaran Gobierno y así dejar de aplicar el 155. O el mismo que no puso freno a tiempo a lo del 1 de octubre.

El PP cree que va a disponer ahora del Frankenstein perfecto: el que tiene piezas separatistas. Perfecto para situarse como valladar último de las pretensiones nacionalistas más extremas. El problema es que no puede dar lecciones en esa materia. Para el PP los nacionalistas son muy malos cuando son otros los que pactan con ellos. Cuando el PP pacta con los nacionalistas, entonces, ocurre el milagro de que contribuyen a la gobernabilidad y a la estabilidad de España. Acaba de suceder con el PNV, que ha pagado el pacto presupuestario con la moneda de la moción de censura. Pero ha sucedido antes. Ha pasado muchas veces. No es sólo que los partidos nacionalistas más poderosos no hubieran llegado a tanto poder sin la colaboración de los dos grandes partidos. Es que ambos partidos han asumido, en el ámbito autonómico, elementos básicos del nacionalismo.

Los PP autonómicos, igual que los socialistas correspondientes, han vindicado las singularidades y las identidades en competición con los nacionalistas propiamente dichos. Han cultivado, como ellos, las diferencias y relegado lo común, deteniéndose solamente justo antes de llegar a esa recta final en la que los nacionalistas salen de España. Han contribuido a que falacias históricas y culturales del nacionalismo sean dogmas sagrados sobre los que asienta la legitimidad del poder autonómico. Han colaborado en la forja de una visión de España como una nación artificial en la que sus partes lo son todo y el conjunto, nada. Ese es el Frankenstein que el PP –que ahora se pondrá otra vez a gritar "¡España!"– naturalmente olvida. No lo ha creado Sánchez. Lo han ido creando, paso a paso, de la manita, durante años, el PSOE y el Partido Popular.

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