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Cristina Losada

La mala fe del adoctrinador

Esa labor adoctrinadora en la enseñanza, que es propia de regímenes totalitarios, se ha hecho en Cataluña con plena conciencia. No por error ni por descuido. No se trata de casos aislados.

Cristina Losada
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Esa labor adoctrinadora en la enseñanza, que es propia de regímenes totalitarios, se ha hecho en Cataluña con plena conciencia. No por error ni por descuido. No se trata de casos aislados.
Isabel Celaá | EFE

Los extractos que ha publicado El Mundo del estudio de la Alta Inspección del Estado que desvela el sesgo nacionalista y separatista de manuales escolares usados en Cataluña no me han causado sorpresa. Y no porque tuviera de antemano la certeza de que el nacionalismo ha impregnado allí los libros de texto con su melaza victimista y su hiel rencorosa. Era simplemente que todo lo que aparecía recogido en las noticias me resultaba familiar. Ya lo había leído, ya lo había visto, ya lo conocía. Todo lo recogido en el estudio, desde los ejemplos que ponía hasta las conclusiones que sacaba, era prácticamente idéntico a lo que había podido leer hace años en un libro de Pedro Antonio Heras basado en el examen de unos 350 manuales, libros de texto y otros materiales empleados en las aulas catalanas.

La materia prima del libro de Heras (La España raptada. La formación del espíritu nacionalista) eran manuales de la década de 1990. La del estudio de la Alta Inspección es una muestra más reciente, aunque mucho más reducida. Han pasado los años, pero el espíritu nacionalista es el mismo. En todo caso, el espíritu adoctrinador no ha menguado. El sesgo ideológico del material escolar no es ahora menos evidente, sino más. Con el paso de los años, con el paso de ministros y Gobiernos de España ciegos, sordos y mudos ante esas prácticas, ¿qué otra cosa se podía esperar? Casi es gracioso que los dialogantes hablen, cada tanto, de blindar las competencias en Educación de la Generalitat para solucionar el problema: ¡pero si ya han estado blindadas!

Voy con unas muestras de los años 90. La mentira histórica: "Desde 1714 Cataluña fue incorporada a España por derecho de conquista, es decir, porque ganaron una guerra" (Geografía, 1996). "Cataluña se configuró como un estado independiente (...) La independencia política se perdió en 1714. Cataluña fue conquistada por los Borbones (...) y anexionaron Cataluña a su Corona (...) El aspecto centralista y uniformista, que era el patrón de la cultura castellana, fue constantemente contestado por los catalanes" (Ciencia Social, ESO, 1996).

La apología de la autodeterminación: "El acatamiento del marco constitucional vigente no significa la renuncia del pueblo catalán a la autodeterminación". Y: "La libertad que no tenemos: la de ejercer el derecho de autodeterminación" (Ciencias Sociales, ESO, 1995).

El ataque a los defensores del bilingüismo: "Sin duda, la maniobra intoxicadora más destacable será el documento aparecido en un diario español pocos días después del intento fallido de golpe de Estado del 23-F (Diario 16, marzo de 1981) titulado Por la igualdad de derechos lingüísticos en Cataluña, conocido con el nombre de Manifiesto de 2.300 castellanohablantes" (Conocimiento del Medio, 1990).

La obsesión con los de fuera y el desprecio hacia ellos: "El gobierno franquista iniciará una política de favorecer las migraciones con el velado propósito de desvirtuar y aniquilar la cultura catalana" (Conocimiento del Medio, 1990). "Los inmigrantes del franquismo eran personas de escaso nivel cultural y que tenían las categorías profesionales más bajas. Para acabarlo de redondear, el hecho de que fuesen a vivir en barrios recién creados en que todos los vecinos eran castellanohablantes, y la voluntad franquista de utilizarlos como instrumento de castellanización de Cataluña, hacía más difícil todavía que pudieran compartir su lengua y sus costumbres con los propios de la tierra que los acogía" (Historia, Bachillerato, 1999). "Los jerarcas del régimen totalitario pensaron que finalmente habían encontrado la manera de desnacionalizar y hacer desaparecer Cataluña, españolizando a amplios sectores de la burguesía catalana y a través del alud de inmigrantes que vivirían y se desarrollarían en Cataluña totalmente al margen de la lengua, de la cultura y del modo de ser catalanes" (Ciencias Sociales, Historia, ESO, 1995).

Así eran los libros de texto en aquellos años. Repito: no han mejorado. Pero ya que la ministra de Educación ha desacreditado el informe de la Alta Inspección, ya que ha puesto un par de ejemplos en el Congreso para quitarle valor y "rigor científico", ya que ha acusado de "descuido o simple mala fe" a sus autores, hay que decirle: la mala fe, señora Celáa, está toda de la parte de los que utilizan los manuales escolares para inculcar a los alumnos una ideología y pervierten la enseñanza con falsedades, mentiras o medias verdades.

Esa labor adoctrinadora en la enseñanza, que es propia de regímenes totalitarios, se ha hecho en Cataluña con plena conciencia. No por error ni por descuido. No se trata de casos aislados. Ha sido y es una política. Una política del Gobierno regional catalán. Una política perfectamente visible estas décadas, pero de la que además hay constancia documental. El Periódico de Cataluña publicó, en 1990, un documento de trabajo que circulaba por los departamentos del Gobierno y las altas esferas del partido de Pujol. Es el que suele denominarse por su encabezamiento: La estrategia de la recatalanización.

Ya lo conocerá Celaá, aunque haga como que nada sabe de todo esto, pero le pondré aquí las principales estrategias que proponía para la enseñanza, que es materia de su incumbencia. Entre los objetivos, figuraba en primer lugar éste: "Impulsar el sentimiento nacional catalán de los profesores, padres y estudiantes". Entre las actividades fundamentales, estaban las siguientes:

"Elaboración de un plan de formación permanente y de reciclaje del profesorado que tenga en cuenta los intereses nacionales".

"Establecer acuerdos con editoriales para su elaboración y difusión [de libros de texto sobre historia, geografía, arte, literatura, economía, etcétera, de Cataluña y de los Países Catalanes] con subvenciones si es necesario".

"Catalanización de los programas de enseñanza. Análisis previo y aprobación del contenido por parte de personas responsables y de confianza".

"Reorganizar el cuerpo de inspectores de forma y modo que vigilen el correcto cumplimiento de la normativa sobre la catalanización de la enseñanza. Vigilar de cerca la elección de ese personal".

"Incidir en las asociaciones de padres, aportando gente y dirigentes que tengan criterios nacionalistas".

"Velar por la composición de los tribunales de oposición".

Esto, en 1990. Esa era la pedagogía. Eran los propósitos de intervención ideológica en la enseñanza, de contaminación nacionalista del sistema educativo, que los Gobiernos nacionalistas catalanes, incluidos los que lideró el PSC, han cumplido con creces veintiocho años después. Es claro que la ministra y el Gobierno socialistas no piensan hacer nada, igual que nada hicieron sus predecesores del PP, para restaurar el rigor académico y defender el derecho de cualquier ciudadano a no soportar el adoctrinamiento en la escuela pública. Cuando existen tantos indicios de malas prácticas, lo mínimo que tiene que hacer un ministro de Educación es investigar más. En lugar de ello, Celaá niega de hecho que exista tal abuso. Lo niega frente a todos los documentos y hechos que lo demuestran. ¿De qué tienen ustedes miedo, señora Celaá?

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