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Miquel Roca se siente nación

Roca se siente nación y yo me siento imperio. ¿Y qué? El desaforado narcisismo nacionalista pretende que todos los demás estemos sólo pendientes de sus sentimientos.

Cristina Losada
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El abogado Miquel Roca fue a una comisión de estudio del derecho a decidir, largo nombre para tan corto asunto, y soltó una arenga a los soldaditos. Hay gente que madura en la madurez y otra, como parece el caso del abogado Roca, que se desmelena como si tuviera dieciocho. No lo hará, supongo, en los asuntos que lleva su despacho, entre ellos el de la infanta Cristina, pero en la vida pública es evidente que quiere pasar de padre a parricida de la Constitución. Vamos, que está por cargársela.

El abogado Roca comunicó a sus oyentes que la ley es efímera, como la vida misma, y que, mira tú por dónde, para cambiarla no hacen ninguna falta tantos trámites pesados. Hay formas legítimas y legales de cambiar la ley, como las hay de modificar la Constitución, que Roca ha de conocer por fuerza, pues estuvo en la cocina. Los que deseen referéndums de autodeterminación y derechos de secesión y no pagar un euro a la Hacienda común sólo tienen que seguir el procedimiento. ¡Adelante!

Pero no van por ahí el nacionalismo catalán y su vocero Roca, a los que la senda de la ley, las reglas y la democracia se les antoja mero formulismo, un camino arduo que han de tomar los pobres mindundis, pero no ellos, por favor, tan por encima del común. Cuando insisten en que lo de la consulta y demás es un problema político que debe resolverse políticamente quieren decir que hay que dejarse de legalismos y arreglarlo entre bambalinas. Es fantástico crear un problema político y luego exigir que se solucione vía chalaneo a gusto del que lo provocó.

Ah, que lo pide "la voz del pueblo". A Roca, al que no se le ve muy pueblo, ahora le parece indispensable escuchar la voz que oportunamente coincide con la suya. Bueno, pues dígale al pueblo, ya que es hombre de leyes, que hay que cumplirlas.

Visto desde fuera, el nacionalismo catalán, el del establishment, que es distinto al de la tropa, semeja un negocio, mismamente un despacho, que se mueve por el interés crematístico, el tráfico de influencias y el narcisismo. ¡Es que nos les cabe el ego! Roca se mostró muy indignado por que el Constitucional discutiera que Cataluña se declarara nación: "¿Pero qué se han creído? Me siento nación y digo que soy nación". Vale. Roca se siente nación y yo me siento imperio. ¿Y qué? El desaforado narcisismo nacionalista pretende que todos los demás estemos sólo pendientes de sus sentimientos, cuidadosos de no ofenderlos y prestos a satisfacerlos. Qué guay. Y a los millones de españoles, entre ellos tantos catalanes, que se sienten una nación, que les den morcilla.

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