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Dani Blanco

Las ligas no se ganan en Navidad

Ninguna Liga se gana en diciembre como ninguna se gana cuando creés que el otro la tiene perdida. Ni el Atlético en navidad ni el Barcelona ahora la tienen amarrada.

Ninguna Liga se gana en diciembre como ninguna se gana cuando creés que el otro la tiene perdida. Ni el Atlético en navidad ni el Barcelona ahora la tienen amarrada.
Simeone. | EFE

Ninguna sensación tan frustrante como que se te vaya algo deseado. Que se te escurra de las manos algo que tenías muy encaminado conseguir. Había que certificarlo, que plasmarlo en práctica porque la teoría casi nunca vale. Está sobrevalorada. Y en fútbol más.

Puede el Atlético de Madrid sentir que lo ha tirado todo por la borda. Puede pensarlo, imaginar que algo que era suyo se le está yendo, pero nunca lo debe demostrar en público. Debe disimular el conjunto rojiblanco que sigue en pie, erguido, como cuando tienes un traspié y te caes al suelo delante de mucha gente. La sensación inmediata es de que no pasa nada, que no te has hecho daño aunque por dentro estés ruborizado. El Atlético debe demostrar ante la gente que sigue fuerte y que puede ganar esta liga pero la sensación de la mayoría es que la pudo perder ayer en Bilbao.

Depende de sí mismo pero debe ganar en el Camp Nou si los resultados van normal. Lo bueno para el Atlético es que, en este tramo de temporada, cuando los nervios están a flor de piel, ya dudas de que todo vaya normal. Lo lógico es que el Barcelona se ponga líder venciendo al Granada y que, a partir de ahí, al equipo de Koeman no se le vaya esta Liga. Pero también es lícito pensar que cualquier tontería en cualquier campo te puede echar atrás. Esta igualdad no permite fallo de ninguna clase. Empatar es perder y perder es sentir que te hundes. Ya no hay vuelta atrás.

El Atlético será campeón si gana todos los partidos que restan. También el Barcelona. Pero depender de tí mismo cuando te has dejado ocho puntos en las últimas tres salidas no da resquicio a la esperanza. El significado literal de “depender de uno mismo” es el que es. Si ganas todo, llegas a la orilla pero es dudoso que este Atlético, ahora deprimido, llegue con oxígeno a puerto.

La culpa no es de nadie y es de todos un poco. El análisis futbolístico no se atiene a realidades cuando queda tan poco. Porque el Atlético jugó mal en Sevilla ante los de Lopetegui pero no así ante el Betis ni la segunda parte de Bilbao. Sin embargo jugó peor mucho tiempo ante Eibar y Huesca y esos partidos los ganó. Simeone y los jugadores saben que este no es su momento y que están pendientes del Barcelona. Dependen de sí mismos pero para llegar a cruzar la meta hay que ganar en territorio azulgrana y eso, ahora, parece improbable.

El Atlético ha hecho una Liga muy buena y la puede seguir haciendo. Que no parezca con este artículo que el objetivo es imposible. Hemos visto conjuras que han hecho salir fortalecidos a equipos de diversa índole a lo largo de la historia. Esta Liga parecía escrita en rojiblanco sólo con ver la ventaja de diez puntos (50 puntos por 40 del Real Madrid y Barça) el 31 de enero. Pero se empezó a torcer aquella noche que el Celta empató en el descuento en el Metropolitano. Se atragantó en los tropiezos ante el Levante y se complicó del todo en la gira fallida a Sevilla hace dos semanas.

Se ha ido hundiendo el Atlético de manera gradual. Poco a poco, cuando peor es la sensación. Y lo ha hecho por errores propios y por el acierto indudable, sobre todo del Barcelona que ha perdido un partido en cuatro meses. Los de Koeman se propusieron, tras la Supercopa perdida ante el Athletic, sacar esto adelante. Era un camino de piedras pero las han ido sorteando. No tanto el Madrid que sigue pudiendo ser campeón pero parece que le va a echar un ojo a la Champions antes que al torneo doméstico.

Ninguna Liga se gana en diciembre como ninguna se gana cuando creés que el otro la tiene perdida. Ni el Atlético en navidad ni el Barcelona ahora la tienen amarrada. Porque esto es un camino de nueve meses. Gana el que cruza la meta primero no el que parece que la fuera a cruzar porque tiene ventaja sobre el resto o porque le han convencido entre todos que la tiene que cruzar. Y así ha sido siempre.

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