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Daniel Blanco

Alemania - Italia 2006: la semifinal de Grosso y la Italia de siempre

El lateral marcó un gol para el recuerdo en el último minuto de la prórroga en un partido inolvidable por la emoción y la intensidad.

Daniel Blanco
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El lateral marcó un gol para el recuerdo en el último minuto de la prórroga en un partido inolvidable por la emoción y la intensidad.
Del Piero, ante Alemania | Agencias

Llegaban Italia y Alemania a la semifinal del Mundial para revivir batallas épicas que les habían enfrentado a lo largo de la historia. Las dos selecciones pelearon en Méjico en 1970 por un puesto en la gran final ante Brasil. El día en que Beckenbauer jugó mucho tiempo con un hombro dislocado. Germanos y transalpinos habían disputado la final del Mundial de España con triunfo para los azzurri. Más cerca en el tiempo se habían medido en la Euro del 96 en la fase de grupo en la que el combinado entonces dirigido por Arrigo Sacchi había quedado eliminado.

Llegaban esa noche del 4 de julio de 2006 a Dortmund para pelear por jugar otra final del Mundial. El ambiente, absolutamente favorable a Alemania, era ensordecedor pero el partido defraudó algo en calidad. No en emoción. No tenía las herramientas la selección de Klinsmann que luego empezó a ver Joachim Low a partir de ese mundial. Había pasado holgadamente en el grupo pero había empezado a tener problemas en todas las rondas eliminatorias. Ganó sufriendo a Suecia, por penalties y sin merecerlo a Argentina. Ballack era el jefe del centro del campo y en la delantera Klose y Podolski. Una selección con mucha fuerza, un equipo rocoso pero no tan técnico.

Llegaba Italia con el camino habitual en todos los Mundiales. De menos a más. Jugando cada vez mejor. En el grupo habían cedido un empate ante Estados Unidos. En las rondas de eliminación directa habían sufrido lo indecible para derrotar a Australia pero habían mostrado un buen fútbol en el partido de cuartos ante Ucrania. Llegaban a la semi como víctima en un ambiente hostil, pero Italia se crece en esos parajes.

El partido fue transcurriendo entra carreras, esfuerzos sobrehumanos, lucha, sudor. Pero la técnica brillaba por su ausencia. No se podía esperar menos que una prórroga y una prórroga épica. Lo fue porque en el minuto 119, Grosso mandó un balón parabólico que se coló en la portería de Lehmann, en un tanto muy estético. Con Alemania desesperada hacia adelante, Italia sacó un contragolpe de libro, Gilardino le cedió de tacón a Del Piero que puso la pelota en la escuadra del portero alemán. En dos minutos, los últimos de la batalla, ganaron los de Lippi.

Cinco días después, en Berlín, Italia terminó su obra, también de manera agónica, y ganó este Mundial en los penalties a Francia. Una Francia que había ido pasando alambres y espinas hasta llegar a esa final. España, Brasil y Portugal en el camino para acabar muriendo en la orilla. Un Mundial que no dejó buena sensación futbolísticamente y que dominaron los europeos, por primera vez con cuatro representantes en semis desde 1982.

Con el Mundial acabó un ciclo para Italia. Tras el título llegaron años de penurias para los azzurri, que volverán seguro, pero que no se han dejado ver en las grandes competiciones desde entonces, si descontamos la final de 2012 ante España. Fuera de eso, eliminaciones en cuartos en 2008 y 2016 y fuera del Mundial en la fase de grupos en 2010 y 2014 y ni siquiera disputarlo en 2018. Esta Italia de ahora viene cambiando con Mancini, con una buena generación que plantea un cambio en el estilo habitual y buscando recuperar su lugar en el mundo. Pero la de 2006 fue la última grande, la última rocosa. La Italia de siemp

Daniel Blanco es subdirector de El primer palo

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