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Griezmann tiene un problema

El Metropolitano dedicó al francés una pitada nunca antes vista en el caso del galo.

Daniel Blanco
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Griezmann en el momento del cambio. | EFE

Sonó en el Metropolitano un estruendo casi nunca visto. Una pitada monumental a la gran estrella, al jugador más desequilibrante que tiene este Atlético. A Griezmann le estallaron los oídos en la carrera hacia el banquillo. Era el minuto 75 y el francés dejaba el partido. Para lo que había hecho, quizá la mejor decisión de su técnico. Eso sí, se preocupó de marcharse corriendo. No estaba el horno para bollos.

A Griezmann hace tiempo que en casa le regañan. Como los padres que le dicen al hijo que no llegue tarde, que no haga esto o lo otro. A Griezmann le vigilan con lupa desde que tonteó con otros equipos en verano, desde que ya no le gusta dónde juega. El público atlético recrimina a su estrella que no se comporte como tal, que ya no juegue tan bien, que no haga las cosas que antes hacía y por las cuales decidía partidos. A Griezmann, da la sensación, que no le perdonan lo de la semana pasada cuando en plena concentración con la absoluta francesa dijo aquello de "me encantaría jugar con Mbappe y Neymar al lado". Y razón tiene la parroquia colchonera, como todas las aficiones la tienen cuando un jugador no muestra el compromiso aparente con un escudo. Sencillamente porque los 65.000 que van al estadio, sí lo tienen y el derecho a exigir que todos los que vistan esa camiseta lo tengan es innegable.

Cuenta David Vinuesa aquí en Libertad Digital que la pitada el otro día fue descomunal, como nunca antes la había vivido el francés. A Griezmann hace tiempo ya que le miran con tirria. En el seno del club las apariencias están por encima de la realidad. Simeone le quita en pleno partido, en pleno derbi, pero le defiende luego en rueda de prensa. Nadie de la directiva ha dicho nada, los compañeros le apoyan. Esto, de puertas para fuera porque nunca sabremos lo que en cada entrenamiento el Cholo o el grupo en general le haya podido comentar en privado a Griezmann que, me temo, será algo distinto a lo que dicen en público.

La misma defensa de Simeone tras el partido incluye un palo encubierto. "Mientras esté con nosotros, mientras sea de la familia, le apoyaremos". Ya nadie asegura que Griezmann siga con ellos el año que viene. El Cholo ha demostrado que no se casa con nadie y menos con una estrella rutilante porque desde hace seis años, guste o no, la estrella está en el banquillo. Por eso el Atlético está donde está y ha olvidado épocas muy oscuras.

Lo sucedido el sábado es algo más grave de lo normal. Un jugador puede coquetear con equipos, lo han hecho muchos. Eso sí, luego ha parecido que rinden, se han mostrado reacios a que su público les pite, han mostrado compromiso. Pero Griezmann lleva unos partidos perdido, sin alma. Y lo del derbi fue la gota que colmó el vaso. Desaparecido, sin interés, sin lucha.

Podemos hablar de lo que queramos, que no está jugando en su posición, que se le pide un esfuerzo brutal en muchos partidos, que no está para eso, que está para dotar al equipo de clase y definir. Pero nadie perdona la falta de actitud. Por algo Simeone le quita en el 75 en un partido por decidir, por algo un público tan sabio le pita. Por algo será. El francés tiene un problema y parece no saberlo, parece no reconocer que es tan grande por culpa de este equipo, de estos colores, no por lo que hizo antes. Ya han quedado atrás los gestos tras sus goles, su "detalle" de no marcharse en verano porque el club no podía fichar. Pero hasta eso se le ha olvidado a la afición, que en una mayoría brutal, considera ya al francés parte del pasado.

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