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Europa League

Daniel Blanco

Sevilla - Espanyol 2007: la tanda que encumbró a Palop

El portero valenciano atajó tres penaltis en la final española de Glasgow y se erigió en héroe de aquel título del Sevilla.

Daniel Blanco
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El portero valenciano atajó tres penaltis en la final española de Glasgow y se erigió en héroe de aquel título del Sevilla.
Andrés Palop, felicitado por sus compañeros tras detener tres de los cuatro penaltis ante el Espanyol. | EFE/Archivo

No quería mirar Ernesto Valverde al césped. El Hampden Park de Glasgow, el mismo que cinco años antes había sido testigo de la volea de Zidane, de las paradas de Casillas y de esa novena Copa de Europa del Madrid, era el escenario de una final entre españoles. Jugaban Sevilla y Espanyol y la tanda de penaltis decidiría el título. No quería mirar el Txingurri recordando la final que jugó 19 años antes, en 1988, en Leverkusen, cuando en el partido de vuelta y con 3-0 a favor de los pericos, se le había escapado de entre los dedos un título que tenían amarrado.

Esa noche en Glasgow el técnico extremeño, rememoró sus miedos, su relación especial con los once metros. Había perdido la tanda mencionada en Alemania, pero dos años antes, como técnico del Athletic, había claudicado en otra que le podía dar al conjunto vasco el pase a la final de Copa. De nuevo con el Espanyol, ahora desde la banda, vio aquellos lanzamientos. Fallaron Luis García, Jonatas y Marc Torrejón. Más que fallar ellos, se alzó sobre los jugadores blanquiazules una bestia en forma de portero. Aquella noche del 16 de mayo de 2007, Andrés Palop detuvo tres de los cuatro lanzamientos pericos.


La final había sido intensa. Los goles de Adriano y Riera en el tiempo reglamentario, los de Kanouté y Jonatas en la prórroga. El esfuerzo titánico de los catalanes, con uno menos por expulsión de Moisés durante veinte minutos de partido y treinta de prórroga. La lluvia en una fase del partido, tildando de épica una noche histórica para el sevillismo. Era el segundo título consecutivo en la competición para el equipo de Juande Ramos, consagrado ya como uno de los técnicos más influyentes en la historia del club.

Volvió a decidir un título la suerte de los lanzamientos desde el punto fatídico, volvió a darle la espalda a Valverde, colosal en ese año con el Espanyol, meritoria la llegada de los pericos a la gran final, eliminando, entre otros al Benfica y al Werder Bremen. Nunca olvidará la gente las lágrimas del técnico al final, preso de la tensión. "alguna vez esto cambiará de lado". La suerte, de alguna manera, le regaló años después títulos con Olympiacos, con el Athletic, con el Barcelona. Como si alguien le hubiera escuchado. Un trabajador incansable que nunca se ha dado por vencido.

De la final queda la alegría del Sevilla, que completó un año formidable con la clasificación a Champions y con la Copa en el Bernabéu ante el Getafe. Queda la euforia de Palop, el portero hecho figura. Ya había sido el valenciano el héroe en aquella eliminatoria de octavos ante el Shakhtar al rematar a gol un córner en el último minuto de la prórroga cuando la eliminatoria se iba a penalties. Queda el legado de un equipo que se hacía hueco entre los grandes. La primera piedra se puso un año antes en Eindhoven y en Glasgow se materializó de manera rotunda. Llegó el Sevilla y lo hizo con fuerza, para quedarse.

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