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EDITORIAL

Ciudadanos: crónica de un suicidio anunciado

Estamos ante el previsible final de Ciudadanos; ya no como posible alternativa de Gobierno sino lisa y llanamente como partido.

Puede que el terremoto de los últimos dos días haya reconfigurado el panorama político y electoral de España, y aunque todavía no es posible conjeturar todas sus consecuencias, sí se pueden extraer ya algunas conclusiones.

La primera es que estamos ante el previsible final, muy triste, de Ciudadanos; ya no como posible alternativa de Gobierno sino lisa y llanamente como partido. Muy difícil será que la formación naranja supere este golpe, y, desde luego, del todo punto imposible si se mantiene la actual dirección.

Y es que la estrategia de Cs ha sido calamitosa. Por un lado, es de una incongruencia rayana en lo grotesco que el partido que hace nada pedía al PP listas conjuntas para concurrir a las elecciones en Cataluña dé la espalda a su deseado socio, lo apuñale y se vaya con el PSOE y con Podemos. Sí, también con los podemarras, que no sólo comparten Gobierno con Pedro Sánchez sino que serán el voto decisivo en la moción de censura en el Ayuntamiento de Murcia.

A este tremendo bandazo hay que añadir un componente de inmoralidad: pese a las bochornosas excusas que aventan, está claro que se trata de una operación de cruda toma del poder. Por eso se ha negociado en secreto incluso para destacados miembros del partido de Arrimadas; por eso pasa por la alianza de Cs con el peor PSOE desde la Guerra Civil –¡y con un imputado por prevaricación!–; por eso el tercer partido en las elecciones autonómicas se quedará con la presidencia de la Región y por eso en la operación el cambalache incluye varios ayuntamientos, para que todo el mundo vea saciadas sus ansias de poltrona.

Pero casi peor que es la inmensa insensatez que el partido de Arrimadas ha demostrado en todo este asunto. Porque aquí sólo hay dos posibilidades: o, como todo parece indicar, se trataba de una campaña a gran escala que iba a trasladarse a otras autonomías, sobre todo a Madrid, y en ese caso alguien habría reventado una operación; o, tal y como clama Cs, se trató de una decisión tomada en Murcia en clave estrictamente regional. Pero, más allá de lo poco creíble que resulta esta versión… ¿de verdad los de Arrimadas son tan estultos como para creer que eso no iba a tener consecuencias en la política nacional?

Sea como fuere, lo más importante es el mensaje lanzado a los españoles: Ciudadanos ya no está entre los partidos comprometidos con la defensa de la nación y el régimen de libertades; a partir de ahora, quien con tanta severidad atacó a "la banda de Sánchez" sólo es uno más de la cuadrilla.

Y eso sí que no lo van a olvidar los votantes.

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