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EDITORIAL

Crisis de Gobierno en el Gobierno nonato

Aún no ha echado a andar, y el Ejecutivo social-comunista ya da sobradas muestras de insensatez.

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En su todavía corta andadura como presidente, Pedro Sánchez ya ha roto algunos récords, no precisamente positivos: ha sido el que más ocasiones ha fracasado en las votaciones de las sesiones de investidura, por ejemplo, y también tiene el honor de ser aquel al que más pronto le ha dimitido un ministro, Maxim Huerta, que dejó su cartera sólo unos días después de ser nombrado.

Ahora parece que va a poder agregar otra marca reseñable y ciertamente difícil de batir a su currículum: tener una crisis de Gobierno antes de nombrar al Gobierno. Simplemente inaudito.

Lo cierto es que, en poco más de 48 horas, el Ejecutivo social-comunista ha dejado entrever algunos de los que serán sus principales problemas: una descoordinación absoluta, con unos y otros haciendo anuncios y concediendo entrevistas sin ningún control; una imperiosa necesidad de ocupar espacio político y mediático para sacar rédito de la acción gubernamental, incluido lo de repartir vicepresidencias como si fuesen bocadillos; y la existencia de dos facciones que no es que no vayan a trabajar juntas, es que se van a enfrentar abiertamente y sin un mínimo sentido de la lealtad.

En este sentido, hay que reconocerle a Sánchez que tenía razón cuando decía que no puede haber dos Gobiernos dentro del Consejo de Ministros, en referencia a Iglesias y los suyos. Eran otros tiempos, hace sólo unos meses, cuando afirmaba también que no podría dormir con el de Unidas Podemos a la cabeza de un ministerio.

Por otro lado, los ministros, ministras y vicepresidentas que se han ido confirmando son la muestra perfecta de un Ejecutivo que camina hacia una mediocridad absoluta: jóvenes extremistas que no han trabajado en nada que no sea la política, como Irene Montero o Alberto Garzón; una ministra de Trabajo que genera el rechazo de los que crean puestos de trabajo, que son los empresarios; una portavoz sobre la que gravita el enorme escándalo de los ERE de un Gobierno autonómico del que formaba parte; una vicepresidenta primera de la talla intelectual de Carmen Calvo… Sin duda, por lo que sabemos hasta el momento, está muy lejos de tratarse del equipo de primer nivel que sería necesario para atajar los graves problemas que padece España, pero también para enfrentar con un mínimo de solvencia las dificultades que sin duda le causarán la propia estructura de coalición y sus peligrosos aliados.

Por último, no podemos dejar de comentar que el mismo presidente que llegó a la Moncloa con la austeridad como una de sus banderas va a tener un Gobierno con muchos más ministerios y un récord, otro más, de vicepresidencias. Desde luego, lo peor de este Ejecutivo no es que haya más coches oficiales y altos cargos, pero es una nueva muestra de cómo Sánchez es capaz de usar las instituciones y crear ministerios y vicepresidencias por su más personal y cortoplacista interés político; por ejemplo, para arrinconar y menospreciar a un Iglesias del que está claro que no se fía, pero al que aun así convierte en vicepresidente.

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