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EDITORIAL

El PP, con la izquierda y contra VOX

La decisión de los populares ceutíes demuestra una profunda indecencia ideológica, pero también una asombrosa falta de inteligencia política

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La Asamblea de Ceuta declaró este pasado viernes persona non grata al presidente nacional de Vox, Santiago Abascal, a través de una propuesta que contó con el apoyo de la izquierda y la bochornosa abstención del Partido Popular. La iniciativa partió del partido musulmán Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, para mostrar su rechazo a las recientes visitas del presidente de VOX a la ciudad autónoma en los días en que se produjo la invasión masiva de marroquíes instigada por las autoridades alauitas.

Nada podemos esperar del socialcomunismo, que trata de expulsar de la democracia a partidos constitucionales, como lo es sin duda VOX, mientras se humilla ante las formaciones proetarras e independentistas para mantener el poder. La izquierda tiene una vocación netamente totalitaria y por eso no tiene remilgos a la hora de orquestar campañas difamatorias contra el adversario político, aunque pongan en riesgo la seguridad de los señalados. De hecho, las violencias contra la derecha, y muy especialmente contra el partido conservador, son alentadas por dirigentes izquierdistas, que todavía presumen de organizar campañas agresivas contra el único partido que no transige con sus imposiciones ideológicas.

Ahora bien, mientras que en los partidos izquierdistas resulta entendible ese nivel de indignidad política, no ocurre así con el Partido Popular, cuya abstención en la votación contra Abascal permitió que la amenazante y antidemocrática resolución saliera adelante.

La decisión de los populares ceutíes demuestra una profunda indecencia ideológica, pero también una asombrosa falta de inteligencia política como acertadamente ha señalado Cayetana Álvarez de Toledo. Casado debería recordar a sus altos cargos que el PP Gobierna en cuatro comunidades autónomas y centenares de ayuntamientos gracias precisamente al apoyo de VOX, sin el cual todos esos centros de poder estarían también en manos de la izquierda.

Solo por eso, Génova debería haber llamado al orden a sus dirigentes en Ceuta y haber expresado formalmente su rechazo a la vergonzosa resolución contra Santiago Abascal. En lugar de actuar con firmeza, los únicos reproches han venido de responsables de escasa entidad dentro del partido, un gesto muy significativo con el que el PP sigue marcando distancias con VOX.

El señalamiento de rivales políticos es propio de las dictaduras, no de democracias asentadas como la nuestra. El PP parece haber elegido participar en esas operaciones totalitarias cuando la víctima es VOX. Su pavor a quedar fuera del consenso progre lleva a los populares de Casado a poner en riesgo los pocos lugares donde todavía gobierna. Desde luego, no parece la estrategia más inteligente para llegar al poder.

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