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EDITORIAL

El problema del PP no es su sede

Casado no piensa sino en arremeter contra Vox. Y eso es una estrategia suicida, la acometa desde Génova o desde cualquier otra calle que se le antoje.

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Tras haber obtenido el PP sus peores resultados en unas elecciones regionales catalanas, Pablo Casado se descolgó este martes con unas sorprendentes declaraciones para comunicar su intención de trasladar la sede nacional del partido. La explicación dada no puede ser más estupefaciente: se pretende así dejar atrás un pasado ligado a la corrupción y abandonar un edificio cuya reforma está siendo investigada por los tribunales a raíz del caso Bárcenas.

En primer lugar, resulta patético ver a Casado atribuir el insuficiente apoyo a su partido en las encuestas y su abrumadora irrelevancia en Cataluña no a una corrupción ideológica que les ha llevado a renunciar a dar la batalla ideológica y cultural contra el socialismo y el separatismo, sino a otra de orden financiero que remitiría a los tiempos de Aznar y Rajoy. ¿Pero cómo pueden pensar los dirigentes del PP que los millones de votantes que han dejado de votar a su partido lo han hecho por el caso Barcenas y no por la orfandad en la que Rajoy primero y ahora Casado han dejado a buena parte de la derecha liberal-conservadora? ¿Cómo pueden pensar que la renuencia a dar la batalla de las ideas contra el nacionalismo y el proceso de secesión no les iba a pasar factura electoral en Cataluña?

Si el PP quiere romper con el pasado, que lo haga pidiendo perdón a los españoles en general y a los catalanes no nacionalistas en particular por haber aplicado tan tarde con Rajoy el artículo 155 de la Constitución; y encima no para instaurar en el Principado la legalidad constitucional, que los nacionalistas burlan a diario, sino como mero mecanismo de convocatoria electoral. Que pida perdón también por haber subido el Gobierno de Rajoy los impuestos y endeudado a los españoles más que ningún otro Gobierno anterior. Y por haber el Gobierno de Rajoy intentado contentar a los nacionalistas con más dinero en lugar de combatir sus delirios antiespañoles y su ruinoso sectarismo.

Para recuperar las traicionadas señas de identidad liberal-conservadoras y hacer frente al nacionalismo se supone que disputó Casado la jefatura de su partido a la mano derecha de Rajoy, Soraya Sáenz de Santamaría. Sin embargo, la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo y la hostilidad manifiesta a Vox, con el que el PP está llamado ya no a entenderse sino a aliarse o incluso a fusionarse, si pretende presentar una alternativa creíble al social-comunismo dominante, fueron errores descomunales, a los que sumó unas bochornosas declaraciones a la emisora golpista RAC 1 en las que casi pidió perdón por la encomiable actuación policial del 1 de octubre del 2017 en defensa del orden constitucional en Cataluña.

La decisión de Casado de cambiar la ubicación la sede nacional del PP tiene además un componente de insensatez casi increíble. Y es que, dado el machacante agitprop izquierdista de que el PP es un partido de corruptos, suena a chiste que la solución sea cambiar de edificio o de calle. Si la supuesta corrupción del pasado afecta a la actual dirección del PP, de nada servirá la mudanza. Y si no es el caso, el innecesario cambio hace torpemente que lo parezca.

Sea como fuere, está visto que Casado no piensa en otra cosa que en seguir arremetiendo contra Vox. Y eso es una estrategia suicida, la acometa desde Génova o desde cualquier otra calle que se le antoje.

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