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EDITORIAL

Hacia un Gobierno social-comunista

Sánchez, sí, prefiere apoyarse en los liberticidas de Podemos antes que en las formaciones constitucionalistas comprometidas con el régimen del 78 y el Estado de Derecho.

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Las negociaciones entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez parecen estar sustanciándose en un éxito resonante del potentado comunista a sueldo de la República Islámica de Irán, con el que el socialista juró y perjuró que jamás se asociaría.

El sanchismo creyó que vetando la presencia de Iglesias en el Gobierno acabaría con las presiones de los podemitas, que tendrían que aceptar su investidura poco menos que gratis et amore a fin de evitar un nuevo varapalo en las urnas. Sin embargo, el capo chavista se agarró al veto personalista de Sánchez para, dando un aparente paso atrás –en un movimiento no previsto por el gran genio de la estrategia Iván Redondo–, dejar sin argumentos al PSOE para seguir negándose a la entrada de los comunistas en el Gobierno. Ya se habla incluso de que Irene Montero, alabardera de Fidel Castro que pedía arrojar los Borbones "a los tiburones", podría detentar una vicepresidencia.

Así las cosas, parece que de aquí al jueves, fecha de la segunda investidura, el PSOE se va a volcar en complacer a los comunistas para mantener a Sánchez en la Moncloa. En consecuencia, negociará con Iglesias qué ministerios ocuparán sus secuaces y qué áreas de la política, la economía y la sociedad caerán bajo su siniestro control.

Estamos, pues, a las puertas de que entren en el Consejo de Ministros unos personajes que odian profundamente a España y defienden a las dictaduras más sanguinarias del planeta, de algunas de las cuales algunos han recibido y reciben cuantiosísimas sumas de dinero. Es, sin duda, una noticia funesta, de ahí que los separatistas –especialmente los golpistas– apenas oculten su entusiasmo.

Pedro Sánchez, el de "la España que quieres" que previamente desplegó aquella descomunal bandera rojigualda en uno de sus mítines, va a conformar un Gobierno social-comunista con los esbirros de Pablo Iglesias –de quien afirmó que "hace de la mentira su forma de hacer política"–, que abominan de la Constitución, la Monarquía parlamentaria y la democracia liberal, califican de "presos políticos" a los golpistas catalanes y están en comunión ideológica con los proetarras de Bildu. Sánchez, sí, prefiere apoyarse en estos indeseables antes que en las formaciones constitucionalistas comprometidas con el régimen del 78 y el Estado de Derecho.

Esta es la brutal verdad y lo que convierte al más que probable Gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias en una amenaza nacional formidable.

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