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EDITORIAL

Iglesias, sin vergüenza

Si pudiera, Iglesias actuaría con la oposición y los periodistas independientes como hacen los gorilas del régimen de Maduro

EDITORIAL

Un comunista formado en las porquerizas ideológicas de un régimen criminal como el chavismo venezolano desconoce, por fuerza, cómo se comporta en público un político revestido de un mínimo de dignidad.  

Pablo Manuel Iglesias, principal exponente del comunismo tercermundista exportado a Europa a golpe de petrodólares, actúa como los esbirros de las dictaduras comunistas y utiliza su influencia pública para poner en la diana al discrepante. Si pudiera, actuaría con la oposición y los periodistas independientes como hacen los gorilas del régimen de Maduro en Caracas, algo que de momento (tan solo de momento), no está a su alcance, por fortuna para los que no queremos ver a España convertida en un fielato de las narcodictaduras caribeñas y las teocracias islámicas patrocinadoras del terrorismo internacional.

Iglesias ha incorporado a sus listas la cuota habitual de enemigos de la ley, en esta ocasión representada por un líder de los manteros, delincuentes callejeros que vulneran la propiedad intelectual vendiendo copias ilegales de obras musicales y cinematográficas. Señalar este hecho no es racismo, sino dar cuenta de una circunstancia escandalosa que todos los votantes madrileños tienen derecho a conocer.

Los ataques de Iglesias a Jiménez Losantos este domingo resultan ciertamente ridículos, pero no pueden pasarse por alto como el exabrupto de un político caradura en el fragor de una campaña electoral. Porque los señalamientos de los dirigentes podemitas suelen tener consecuencias para los señalados, como hemos visto en los ataques de la chusma ultraizquierdista contra los candidatos de VOX y los ciudadanos que asistían libremente a sus actos públicos en Madrid. 

Es comprensible la frustración de un hombre como Iglesias, incompetente proteico y machista contumaz, que echó a su candidata para ponerse él al frente de la lista podemita y ve cómo las encuestas envían a su partido al último lugar en la Asamblea de Madrid. Su embestida desrazada contra esta casa es, tan solo, una prueba más de hasta qué punto es cierto el análisis de Díaz Ayuso, que cifra las elecciones del próximo 4 de mayo en una batalla a muerte entre comunismo y libertad.

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