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Las dos tragedias de Venezuela

Varios factores naturales han contribuido a que la tragedia tenga esta dimensión, pero uno no natural también ha sido determinante: el comunismo.

Por desgracia, todo parece indicar que los terremotos que ha sufrido Venezuela esta pasada madrugada se van a convertir en una inmensa tragedia. Ya en las primeras horas y, pese al caos absoluto que reina en el país, se han contabilizado casi doscientos muertos y miles de heridos, pero todo parece indicar que las cifras van a ser abrumadoras y, de hecho, la previsión del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) es que puede haber hasta 100.000 fallecidos y, por desgracia, no parece ni mucho menos exagerada.

La pérdida de vidas humanas es lo más importante, por supuesto, pero además de eso la destrucción es brutal y los daños materiales inmensos: al país le va a costar mucho recuperarse de un golpe tan duro y, como ya han apuntado mandatarios de todo el mundo y, singularmente, Donald Trump, es el momento de que la ayuda internacional se vuelque con ese país hermano que lleva tanto tiempo acumulando tanto sufrimiento.

Varios factores naturales han contribuido a que la tragedia tenga esta dimensión: en primer lugar, la propia magnitud de los terremotos; no hace falta ser un especialista para saber que cualquier seísmo que supere el siete en la escala de Richter tiene una fuerza destructora inmensa y en este caso estamos hablando de un 7,2 y un 7,5 según esa conocida medición, una auténtica barbaridad.

En segundo lugar está, precisamente, el tratarse de un terremoto doble, algo que solo ocurre en el 20% de los grandes sismos y que, como es obvio, multiplica el daño en las infraestructuras, los colapsos de edificios y la extensión de las zonas afectadas. Por último, el hecho de que el epicentro se encuentre a solo diez kilómetros de profundidad –puede parecer mucho pero en realidad es muy, muy cerca de la superficie– también acrecienta su capacidad destructora.

Sin embargo, hay otro factor que quizá haya sido incluso más determinante en multiplicar este desastre natural y ese cuarto elemento clave se llama comunismo. Casi tres décadas de régimen bolivariano han dejado a Venezuela exhausta en lo económico y en lo moral: el país no tiene capacidad material de respuesta, no hay ayuda y a la poca que haya tendrá dificilísimo llegar a donde se la necesite; las construcciones no tienen la calidad necesaria y, con toda probabilidad, tampoco se ha cumplido la mayor parte de las normativas previstas en una zona que, obvio es decirlo ahora, tiene un elevado riesgo sísmico; y las instituciones que pueden servir como puntos de apoyo para superar tragedias así y para vehicular los esfuerzos en momentos tan dramáticos están desmanteladas o en manos de delincuentes.

Habrá quien, cegado por las anteojeras de la ideología, piense que este último párrafo es una exageración, pero no es así: la fuerza destructora de las ideas es la única que puede incluso superar a la de la naturaleza y basta contemplar la historia del siglo XX para constatarlo o, quizá un ejemplo más cercano, cómo una ciudad tan bella como La Habana parece en la actualidad recién salida de un desastre natural cuando lo que ha sufrido son ocho décadas de tiranía comunista.

Solo queda estar lo más cerca posible de nuestros hermanos venezolanos, mandarles toda la ayuda y la solidaridad que sea posible y desear que, de alguna forma que en este momento no parece fácil prever, esta terrible tragedia sirva para acelerar la transición a la democracia por la que tanto han luchado y sufrido.

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