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Podemos no está como para amenazar a Sánchez

Unas elecciones anticipadas serían un escenario más indeseable en este momento para Podemos que para el propio PSOE.

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No hay que quitar trascendencia a las declaraciones en las que el secretario de Organización de Podemos, Pablo Echenique, ha amenazado claramente al presidente del Gobierno con votar no a los Presupuestos Generales del Estado si el PSOE no se pliega a sus exigencias en materia de vivienda, fiscalidad, empleo o dependencia. Ahora bien, siendo el respaldo de la formación de Pablo Iglesias absolutamente imprescindible para que el Ejecutivo pueda sacar adelante sus cuentas y cumplir el deseo de Pedro Sánchez de agotar la legislatura, es harto dudoso que los neocomunistas planteen como condición sine qua non un programa de máximos y no se conformen con lo que le puedan sacar a un arribista tan huérfano de apoyos como el cuestionado doctor.

La contundencia del ultra Echenique bien puede interpretarse como una forma de meter presión o incluso como un farol, tal y como hacen desde el PSOE. Las tragaderas que el doctor Sánchez ha demostrado tener son tremendas, sí, pero lo cierto es que unas elecciones anticipadas como las que provocarían el rechazo de Podemos a los Presupuestos serían un escenario más indeseable en este momento para los neocomunistas que para el PSOE. A los mediocres resultados que otorgan a Iglesias las encuestas hay que añadir el hecho de que su partido esté sumido en un completo caos. De hecho, este mismo lunes ha padecido dos sonadas dimisiones: si a primera hora de la mañana se conocía la marcha de la ya exportavoz en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz Huerta, por la tarde el caído era el diputado en el Parlamento cántabro José Ramón Blanco, tras hacerse públicas unas grabaciones en las que se le escucha proferir graves amenazas e insultos contra tres correligionarios.

Así las cosas, de las amenazas de Podemos al Gobierno se puede decir lo mismo que del ultimátum que la semana pasada planteó a Sánchez el supremacista Torra: que se trata de una forma de meter presión y exprimir a un gobernante sin principios, escrúpulos ni fuerzas propias, del que tanto pueden aprovecharse un hatajo de golpistas como Quim y su banda y la tropa liberticida comandada por el acaudalado neocomunista que ha puesto Galapagar en el mapa.

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