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EDITORIAL

Sánchez, de vacaciones sin haber trabajado

Lo único que están haciendo el PSOE y Pedro Sánchez: presionar a Unidas Podemos y a otros partidos con un despliegue de política espectáculo.

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Aunque miembros del Gobierno habían anunciado que el Ejecutivo no iba a tomarse ningún descanso en este mes de agosto, el presidente en funciones está pasando esta semana en Doñana, destino habitual para las vacaciones de los ocupantes de la Moncloa.

Nadie podría reprocharle a Sánchez que se tomase unos días de descanso si antes de eso hubiese hecho su trabajo, aquel para el que los contribuyentes le pagan y los votantes le votan, que en este momento no es otro que construir un acuerdo que le permita obtener la confianza del Congreso para ser elegido presidente.

En lugar de esto, el secretario general del PSOE se ha pasado la mayor parte de los tres meses y medio que nos separan de las elecciones del 28A poco menos que sesteando. Primero por la campaña de las municipales, autonómicas y europeas, una buena excusa si no fuese porque él ya sabía que se iban a celebrar esos comicios cuando colocó las generales a finales de abril. Después, estuvo semanas sin emprender un proceso serio de negociación y más tarde desarrolló un simulacro de intento de pacto con Unidas Podemos, en el que fue evidente su escaso interés por llegar a un acuerdo.

Pero aún peor ha sido su reacción tras la fallida sesión de investidura, emprendiendo una sorprendente serie de reuniones con "agentes sociales" -en realidad asociaciones o colectivos sin ninguna representatividad política y, en su mayoría, de izquierdas- sin ningún sentido más allá de dilatar de nuevo el proceso negociador real y, sobre todo, aumentar la presión sobre Pablo Iglesias.

Porque eso es lo único que están haciendo el PSOE y el propio Pedro Sánchez: presionar a Unidas Podemos y a otros partidos con un despliegue de política espectáculo y con la mirada siempre puesta en las encuestas y nunca en los intereses generales de España, que por otra parte nunca han preocupado ni lo más mínimo al dirigente socialista.

Muchos piensan, y no sin cierta razón, que esta situación de impasse con un gobierno en funciones es mejor que un ejecutivo comandado por Pedro Sánchez y muchísimo mejor que uno con ministros de Unidas Podemos, pero la obligación del líder del PSOE es llegar a acuerdos que le permitan ser presidente o reconocer su incapacidad para hacerlo y dar paso a otro candidato, no forzar la repetición electoral para intentar seguir desgastando a Iglesias u obligar al de Podemos a una rendición sin condiciones en el último segundo.

Con la situación económica deteriorándose con rapidez y el golpe de estado en Cataluña vivo y coleando, Sánchez sigue sin dar un paso al frente o al lado y se va de vacaciones. Sólo un político tan irresponsable, egoísta y sin escrúpulos como él ha demostrado ser podría permitirse una actitud así y, encima, coronarla con unas vacaciones a cuenta del contribuyente.

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