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EDITORIAL

Sánchez, Torra, Puigdemont: no hay uno bueno

Sánchez es lo que parecía: lo peor que nos podía pasar. Su mandato va a ser una calamidad.

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La semana política comenzó con el agasajo de Pedro Sánchez a Quim Torra, supremacista inhabilitado por delincuente al que trató como un jefe de Estado extranjero, y acabó con un acto multitudinario en Perpiñán de Carles Puigdemont, capo separatista prófugo de la Justicia, entre insultos al Rey y llamamientos a la algarada callejera permanente, ante la escandalosa inacción del Gobierno. Difícilmente se pueden concitar en tan escaso tiempo tantas claudicaciones de un Ejecutivo ante los enemigos de la Nación que tiene la obligación de defender, pero Sánchez ya ha dado sobradas muestras de hasta dónde puede llegar su indignidad.

Es ciertamente lamentable que la jacobinamente centralista Francia permitiera a las autoridades locales dispensar un trato honorífico a los nacionalistas golpistas, que utilizaron la localidad francesa de Perpiñán para atacar a España y sus instituciones con indignante impunidad, de la que desde luego no habrían disfrutado si hubieran vertido su veneno separatista contra Francia, país cuya integridad territorial en teoría también quieren dinamitar. Acierta el PP al dirigir a través de su portavoz parlamentaria una muy contundente carta al presidente de la Asamblea Nacional francesa para que condene ese acto de clara hostilidad contra España y evite situaciones similares en el futuro.

Carles Puigdemont, al que la dejadez del Parlamento Europeo a la hora de atender el requerimiento de suspensión del Tribunal Supremo le permite moverse por Europa libremente, utilizó su aberrante impunidad para celebrar un acto de masas con claros objetivos electoralistas. En su discurso incendiario reafirmó su apuesta por declarar unilateralmente la independencia de Cataluña y ridiculizó la mesa de negociación montada por Pedro Sánchez con Quim Torra.

Sánchez no solo está negociando la pulverización de la soberanía nacional con un hatajo de golpistas. Además, está dejando que estos delincuentes utilicen sus insultos a España como munición electoral. No cabe mayor irresponsabilidad y deslealtad. Sánchez es lo que parecía: lo peor que nos podía pasar. Su mandato va a ser una calamidad.

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