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Santamaría se bate en retirada

Soraya Sáenz de Santamaría encarna el peor PP y casi sólo puede servir de contraejemplo, de qué no debe ser ni hacer el Partido Popular si quiere volver a ser el referente del centroderecha nacional.

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Soraya Sáenz de Santamaría, la persona más poderosa de los Gobiernos de Mariano Rajoy, abandona, por fin, la política. Tras reunirse con Pablo Casado en la sede del PP, Sáenz hizo público este lunes un comunicado –que no lucía las siglas de su partido– en el que afirmaba que su abandono era lo mejor para la nueva dirección popular. En la hora de su retirada, cabe darle toda la razón.

Cuando Rajoy la aupó a lo más alto, la ex vicepresidenta empezó a llamar negativamente la atención por su política de medios. Así, dio luz verde a la concentración de la oferta audiovisual en manos tremendamente hostiles al PP y a la derecha sociológica y salvó de la ruina nada menos que al Grupo Prisa, otro gigante del sector caracterizado por sus sañudos ataques al centro-derecha. Esas decisiones tuvieron su traducción en el panorama mediático que padecemos, signado por el sensacionalismo y el sectarismo de la izquierda más insensata y liberticida, y por tanto profundamente perjudicial para el Partido Popular. Pero la desleal y tóxica Santamaría no veía en eso mayor problema, dado que ella se garantizaba una suerte de protección aún más notable cuando se analizaba el tratamiento que esos mismos medios infligían a sus correligionarios menos dispuestos a bailarle el agua.

El segundo jalón en su carrera política tiene que ver con su gestión de la crisis provocada por los separatistas a raíz de su golpe contra el Estado. Convertida en presidenta de la Generalidad y, en consecuencia, responsable de la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña, Sáenz de Santamaría tiene una responsabilidad tremenda en el actual estado de cosas, por su reluctancia a cumplir con su deber de cumplir y hacer cumplir la Ley y su empeño en atraerse a los golpistas con su ominosa operación Diálogo, indigna de raíz porque a los golpistas no se les apacigua sino que se les obliga a respetar el orden constitucional, sustento de las libertades de todos.

A pesar de esos sonoros fracasos, coronados con la bochornosa espantada de su mentor Rajoy en la moción de censura que acabó expulsando a ambos del Poder, una Santamaría arrogantemente desconectada de la realidad se postuló como candidata a la Presidencia del PP segurísima de su triunfo. El batacazo que cosechó en su duelo con el joven Pablo Casado fue memorable y, pese a que en un primer momento transmitió la idea de que iba a incordiar todo lo posible al nuevo líder popular, parece que finalmente ha reculado, se ha tragado sus propias palabras y anunciado su retirada de la política.

Lástima que no diera ese paso mucho antes. Hace años. Soraya Sáenz de Santamaría encarna el peor PP y casi sólo puede servir de contraejemplo, de qué no debe ser ni hacer el Partido Popular si quiere volver a ser el referente del centroderecha nacional.

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