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Eduardo Goligorsky

Los parias de Europa

El tema es el peligro de engendrar un asilo de parias desprendido tanto de España como de la Unión Europea.

Eduardo Goligorsky
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Torra y Puigdemont | EFE

Basta de cuentos chinos. La cacofonía del proceso secesionista catalán es ensordecedora. Los trámites de rutina en los tribunales, ya sea en el Constitucional o en los juzgados de guardia de las aldeas pirenaicas, se demoran porque tiene prioridad la avalancha de expedientes relacionados con este alzamiento cainita. Legos y letrados derrochan horas discutiendo las alternativas del juicio a los encausados. Los medios de comunicación y las redes sociales se desgañitan propalando sesudas interpretaciones y descaradas fake news para un público enrocado en sus convicciones. Los anaqueles de las librerías crujen bajo el peso de los volúmenes dedicados al tema.

Se pudre el Reino Unido

¿Y todo para qué? Para nada. Porque los salvapatrias han conseguido –desde el banquillo, desde las tribunas políticas, desde los escaños del Parlament, desde el trastero de la Generalitat o desde el palacete de Waterloo– encauzar todo el debate hacia el engañabobos del referéndum y la independencia y apartarlo del tema que más nos concierne: la continuidad dentro de la Unión Europea.

¿Independencia? ¿De qué? ¿De España? Bien, supongamos que la consigan. ¿Y después? Después los embaucadores nos meterían en el mismo callejón sin salida donde se pudre el Reino Unido. La ruptura sería con la Unión Europea y el Catexit convertiría a los catalanes en los parias de Europa. Basta de engatusar a los dos millones de incautos que siguieron a los timadores, como los niños al flautista de Hamelin, rumbo a una Ìtaca inexistente. Si no estuviéramos asistiendo al descalabro que provocaron con sus mentiras Boris Johnson, Nigel Farage y la pandilla de nacional-populistas del Brexit, podría disculparse la alucinación. Pero ahora no. Lo tenemos delante de las narices. Aparece todos los días en los titulares. Escribió Tonia Mastrobuoni en La Repubblica, y lo reprodujo El País (8/4):

Con la perspectiva adecuada, el Brexit podría ser un formidable instrumento de campaña electoral contra los soberanismos.

Barrabasada retrógrada

Pere Aragonès, vicepresidente del Govern, el mismo que fue a mendigar sin éxito 11.000 millones de euros a la República Popular China, y Alfred Bosch, consejero de Acción Exterior de la Generalitat y patrón de las falsas embajadas, publicaron un artículo ("Catalunya ante el Brexit", LV, 25/3), en el que tuvieron la inmensa desfachatez de criticar, con la torpe redacción típica de estos arribistas hostiles al castellano, "el sentimiento de prevalencia, del orgullo nacional que impera en los estados de matriz imperial. Un nacionalismo de Estado que podemos encontrar tras el Brexit, pero también en España, Francia".

Esta lección de ética sobre "el sentimiento de prevalencia, del orgullo nacional", la imparten los protagonistas de una subversión supremacista motorizada por prejuicios identitarios, mitologías anacrónicas y apetitos sórdidos de poder y prebendas, y encaminada a alumbrar una republiqueta amputada delictivamente del Reino de España y de la Unión Europea. Se justifica que sean los hazmerreír de las sociedades avanzadas. La barrabasada retrógrada del Catexit se lleva el trofeo del ridículo aventajando al mamarracho insular del Brexit. Recuerda Lluís Uría ("¿Democrático, un referéndum?". LV, 7/4) que:

El triunfo del leave sobre el remain fue claro, pero manifiestamente precario: 51,9 % frente al 48,1 %, Lo cual implica que, contando la abstención, resulta que los favorables al Brexit representaron en realidad solo el 37 % de los electores.

Quienes votan a favor de la salida de Cataluña de la Unión Europea, aunque los mistificadores se lo oculten tras la pantalla de la ruptura con España, rondan el 47% de los sufragios y el 35% del censo electoral. Lo dicho: la barrabasada retrógrada del Catexit se lleva el trofeo del ridículo.

La pregunta clave

El catedrático Josep Oliver Alonso va al grano cuando, después de enumerar los problemas que compartiríamos con Gran Bretaña en el proceso de separación, entre los que sobresale la fractura de la sociedad, formula la pregunta clave ("Catalunya y el Brexit", LV, 29/3):

¿Y nosotros? Pues sumen a esas similitudes las substanciales diferencias: ausencia de moneda propia y de banco central, y mayor integración financiera, monetaria y comercial con el resto de España y la UE. Y aplicando la secuencia del Brexit: incluso con una separación pactada, la salida de la UE, la instauración de fronteras o el abandono del euro serían inevitables consecuencias iniciales.

El catedrático añade que aunque se arribara a una separación pactada, la experiencia británica demuestra que "las barreras que aparecerían serían de difícil superación". Con una advertencia final:

Si regresa la propuesta unilateral, espero que esta vez sus defensores tengan la valentía de explicarnos, a partidarios y contrarios de la secesión, lo que nos podría aguardar.

Puesto que ya hay pruebas suficientes de que no son valientes ni dan explicaciones veraces, pues son unos falsarios empedernidos, cuando nos digan que el tema de debate es la creación de la república de Cataluña independiente de España, les cortaremos el rollo. Ese no es el tema. El tema es el peligro de engendrar un asilo de parias desprendido tanto de España como de la Unión Europea.

PS: Si el notorio estafador Ruiz Mateos consiguió inversores para la segunda Rumasa; si el paleto defenestrado Pedro Sánchez logró retomar el timón del PSOE y colarse en la Moncloa gracias a su ausencia de escrúpulos; si el mesías frustrado Artur Mas sale de la papelera de la historia auxiliado por la oportunista Marta Pascal, es previsible que la pringada pareja Pujol-Ferrusola vuelva a ofrecer su rancio peix al cove en el circo de tres pistas de la estrafalaria política catalana, con el beneplácito del rebaño nostálgico. Lloramos por ti, Cataluña.

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