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Eduardo Goligorsky

El enclave acéfalo

Los patriotas de Libres e Iguales marcan el rumbo. ¡Viva España! ¡Viva el Rey!

Eduardo Goligorsky
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Los patriotas de Libres e Iguales marcan el rumbo. ¡Viva España! ¡Viva el Rey!
Pere Aragonés. | EFE

El pasado día 9 Su Majestad el Rey Felipe VI, Jefe del Estado, y Pedro Sánchez, presidente –¡ay!– del Gobierno, visitaron Barcelona para asistir a la entrega de los premios de la Barcelona New Economy Week. No concurrió a recibirlos, ni asistió al acto, ninguna de las autoridades de Cataluña y de la Ciudad Condal que, según marca el protocolo, deberían haber estado presentes. De esta ausencia se desprende una conclusión irrefutable: el enclave está acéfalo. Y por lo tanto urge aplicar las medidas que prevé la Constitución para designar un equipo de gobierno regional provisorio, que devuelva la libertad, la seguridad y el bienestar a los millones de catalanes prisioneros del régimen totalitario supremacista.

Pretextos ridículos

Los pretextos que adujeron los usurpadores de los cargos ejecutivos locales para justificar su escaqueo fueron ridículos. “Cataluña no tiene rey”, rebuznó un tal Pere Aragonès. ¿Quién es este señor y qué valor tienen sus palabras? Aragonès es, como ironiza la cronista de La Vanguardia (4/10), el vicepresidente “en funciones, sustituto, provisional, interino”, recluido en un “Palau alternativo, edificio casi fantasma situado en el área administrativa de la Zona Franca”.

Sucede que el despacho del Palau que Artur Mas le legó al advenedizo Carles Puigdemont cuando los ensoberbecidos matones antisistema de la CUP lo arrojaron a la papelera de la Historia permanece vacío porque el testaferro Quim Torra lo clausuró como si fuera un santuario intocable y se refugió en su propio trastero, aunque sin abandonar el Palau como el humillado Aragonès.

Disfrazados de españoles

Brazo derecho del tartufo Oriol Junqueras en ERC y consejero de Economía de la Generalitat, el plebeyo Aragonès ocupa su taburete –que no poltrona– en los suburbios, sometido a la estricta vigilancia de sus socios transitorios y rivales permanentes de JxCat. Los dos partidos sediciosos han pactado, refiriéndose explícitamente al menospreciado (y menospreciable) Pere Aragonès y, en menor medida, a la consejera de Presidència, Meritxell Budó, lo siguiente: “Nadie ejerce el papel simbólico de la primera autoridad del país” (“El Palau sin president”, LV, 11/10). Acéfalo y punto.

Estos desfachatados se disfrazarán de españoles para colarse en la conferencia de presidentes autonómicos del próximo día 26 porque allí se abordará el reparto de los codiciados fondos europeos, y discuten entre puñaladas traperas si los representará el consejero de Empresa, Ramon Tremosa, o el zombi Aragonès. Lo dicho: Cataluña está acéfala y los emboscados antiespañoles no tienen credenciales para participar en este cónclave.

Intrusos peligrosos

La acefalía de Cataluña no es producto de que sus presidentes hayan desaparecido por causas fortuitas. El mismo día en que Felipe VI llegaba a esta comarca inseparable de su reino, los tres últimos usufructuarios del título montaban un guiñol subversivo en la ciudad francesa de Perpiñán. (¡Ojo, monsieur Macron, que estos intrusos son vástagos de los anexionistas nazis tan peligrosos como los fundamentalistas islámicos que usted proscribe!). Cataluña quedó acéfala porque sobre los tres pesan sentencias judiciales de inhabilitación o de prisión o captura por faltas y delitos que van desde la desobediencia hasta la sedición y la malversación. Fechorías en las que se comprometen a reincidir.

Y estos tres oligarcas cainitas, que siguen chupando suculentas pensiones y otros privilegios del Estado del que abominan, tienen el morro de pedir a los funcionarios y a las masas aborregadas que practiquen la confrontación con ese mismo Estado aunque el alzamiento les cueste “sacrificios personales y patrimoniales” (LV, 5/10).

Agradecidos al Reino

El enclave catalán está acéfalo, pero forma parte de un Reino que lo ayudó a convertirse en un foco de progreso, de lo cual sus habitantes sensatos están agradecidos. Hoy más que nunca. Lo subraya el catedrático Francesc Granell (“El Rey en Barcelona”, LV, 9/10):

La monarquía constitucional que tenemos sustenta el andamiaje de nuestro Estado de derecho perfectamente integrado en Europa y sus valores. (…) No nos engañemos. Quienes están criticando la monarquía lo que pretenden es derribar el sistema constitucional que tenemos y que es, precisamente, el que nos ha permitido entrar en la Unión Europea y homologarnos a los países de nuestro entorno.

Es oportuno, en este contexto, citar también la opinión de un escritor y periodista catalán que dio la cara al refutar los argumentos insidiosos del renegado Pere Aragonès, quien calumnió al Rey cuando dijo que “se ha alineado con la derecha judicial y ha hecho suyo el discurso del ‘a por ellos’”. Lo rebate Sergio Vila-Sanjuán (“Catalunya sí tiene Rey”, LV, 10/10):

¿Cuándo ha hecho el Rey tal cosa? Lo que hizo el 3 de octubre del 2017 fue reclamar el retorno a la legalidad en Catalunya tras el descalabro que causaron, entre otros momentos, las inolvidables sesiones parlamentarias del 6 y 7 de septiembre, lo que muchos le agradecimos. (…) La monarquía española no va a caer. Tiene cuerda para rato –desde luego más que la república catalana– porque representa una garantía de estabilidad en tiempos difíciles y porque Felipe VI está actuando con prudencia e inteligencia.

El rumbo de Libres e Iguales

Sería el colmo de la estulticia que el Gobierno de España, cualquiera sea su color político, desvíe una parte de los fondos de reconstrucción europeos hacia las arcas voraces de un enclave acéfalo desconectado del control estatal. Si procediera así estaría defraudando a toda la sociedad española y, dentro de ella, a la sociedad catalana, que vería cómo esos fondos desaparecen en las cuentas caribeñas de los caciques tribales y en el gigantesco entramado de odio antiespañol que funciona aquí y en el resto del mundo. Sería una malversación a gran escala, la del Gobierno compinchado con la casta secesionista, y los órganos de supervisión de la Unión Europea la sancionarían ipso facto, con el consiguiente perjuicio para todos los españoles.

Hay que llenar sin tardanza, con los medios que brinda la Constitución, los huecos donde pululan los parásitos dedicados a socavar las bases de la Monarquía parlamentaria y, siempre dentro de ella, las del enclave catalán hoy acéfalo. Los patriotas de Libres e Iguales marcan el rumbo. ¡Viva España! ¡Viva el Rey!

PS: Unidas Podemos tiene un vicepresidente segundo y cinco ministros encaramados en el Gobierno del Reino de España. Su cloaca digital, La Última Hora, dirigida por la intrigante Dina Bousselham, difama sistemáticamente al Jefe del Estado. El 12 de octubre vomitó falazmente que el lema de su discurso del “fatídico” (sic) 3 de octubre del 2017 fue el “bochornoso” (sic) “a por ellos”. Una mentira como la copa de un pino. ¿Cómo es posible que estos miserables saboteadores de la Monarquía constitucional y de la unidad de España puedan seguir conspirando impunemente con racistas atrabiliarios y bilduetarras impenitentes desde puestos clave del Gobierno?

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