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Eduardo Goligorsky

La tara de Podemos

A por los enemigos de España y de nuestra civilización, siempre por la vía legal y jamás por la del escrache que ellos importaron de sus metrópolis bananeras.

Eduardo Goligorsky
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A por los enemigos de España y de nuestra civilización, siempre por la vía legal y jamás por la del escrache que ellos importaron de sus metrópolis bananeras.
Pablo Iglesias | EFE

Es evidente que el Poder Judicial del Reino de España desempeña el papel que le asigna el Estado de Derecho cuando vigila que los ciudadanos cumplan, individual y colectivamente, con la legalidad vigente, sancionándolos si se apartan de ella. Jueces y fiscales han actuado y actúan, con mayor o menor diligencia pero actúan, como lo demuestra el hecho de que existe una larga lista de personajes públicos, de diversos estratos sociales y filiación política, que están en la cárcel o en vísperas de entrar en ella.

Cóctel de ideologías totalitarias

Ahora le toca el turno de ser investigado a Podemos, un partido que se gestó en el vientre voraz de las dictaduras latinoamericanas y se nutrió con un cóctel de ideologías totalitarias. Un partido cuya cúpula reclama para sí la misma inmunidad de la que disfrutan los narcodictadores que lo patrocinan.

Los delitos que le atribuyen sus acusadores son los mismos por los que han sido sancionados casi todos los partidos del arco parlamentario español, que pueden resumirse bajo el rótulo de financiación ilegal. Sin embargo, aquí es donde creo que nos equivocamos cuando no ponemos más énfasis en otras culpas, que son las que convierten a Podemos y su corte de los milagros en un caso aparte más punible.

Felicitémonos, por supuesto, de que la Justicia cumpla con su misión de barrer de los establos de Augías del Estado todas las tropas de parásitos corruptos que se cuelan en ellos, cualquiera sea su denominación de origen. Pero hay que tomar en consideración las diferencias de fondo.

Marcha atrás guerracivilista

Rodrigo Rato, Iñaki Urdangarin, Manuel Chaves, José Antonio Griñán y muchos de su misma catadura actuaron movidos por intereses espurios y están pagando por ello. Pero no se alzaron contra el ordenamiento constitucional ni manifestaron su intención de participar en un plan subversivo tramado para convertir a sus conciudadanos en vasallos de una satrapía chavista.

El caso de los cabecillas de Podemos es totalmente distinto. Proclaman a los cuatro vientos que su fin último consiste, por un lado, en anular los resultados del plebiscito que puso los cimientos de la Transición hacia la democracia y, por otro, en derrocar la Monarquía parlamentaria que nos garantizó más de cuarenta años de paz y bienestar. Todo ello pasándose la Constitución por el arco del triunfo, para provocar una marcha atrás guerracivilista que nos devuelva al corral de las checas y los comisarios políticos, ayer soviéticos y hoy cubanos o venezolanos.

Lo tremendo es que, mientras dura la investigación judicial por presuntos delitos económicos, estos perdularios que en la teoría y en la práctica dan pruebas de su vocación involucionista y su odio a la España liberal e ilustrada, forman parte del Gobierno, donde se atrincheraron después de jurar o prometer, con el colmo de la desvergüenza, lealtad al Rey y a la Constitución.

Guillotinas y paredones

Seamos justos: los disconformes podrían propiciar la implantación de un régimen republicano a su gusto sin renegar de este juramento o promesa. Bastaría que se ciñeran al cumplimiento puntilloso de los artículos de esa misma Constitución que estipulan cuáles son los trámites parlamentarios y las mayorías cualificadas indispensables para realizar cualquier cambio, incluido el de la monarquía por la república. Pero los muy brutos prefieren aplicar las tácticas aviesas aprendidas de sus tutores revolucionarios, que se criaron profesando el culto a guillotinas y paredones.

Aquí los tenemos, al vicepresidente segundo y su pelotón de ministros, ministras y legisladores obedientes, aturdiéndonos con patrañas demagógicas mientras sabotean, desde dentro, el andamiaje sobre el que descansan la seguridad, la salud, la convivencia, la prosperidad, la solidaridad y las libertades de los españoles en el marco de la Unión Europea.

Traición a la patria

Un trabajo de zapa en el que no están solos. Se han compinchado con las metástasis secesionistas étnicas, que no solo se declaran ajenas a España sino que buscan difamarla y perjudicarla por todos los medios. Aliarse con ellas es peor que lucrar con la corrupción económica. Es incurrir en traición a la patria. Incluso a la patria republicana que prometen implantar. Se burlan los sedicentes pragmáticos de ERC: "No se trata de proclamar la república española sino la catalana" (Isabel Garcia Pagan, LV, 16/8). Y el energúmeno Pere Aragonès, de rancio abolengo franquista y hoy socio complaciente de los mercenarios del 3%, se asoma de su charca tribal para pedir con obsceno desparpajo la abdicación de un monarca ejemplar: Felipe VI, rey de todos los españoles.

Sumemos a estos rufianes la caterva de seguidores del orate prófugo Carles Puigdemont y los matones bilduetarras impenitentes y tendremos el panorama completo de la Operación Retorno a las Barricadas del No Pasarán 1936. Apadrinada por José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez.

En el punto de mira

Si la Justicia sentenciara, contra toda evidencia, que las cuentas del Politburó apátrida están limpias como una patena y que sus líderes practican un ascetismo franciscano, la alevosía con que Podemos ejecuta la subversión retrógrada desde las alcantarillas del Gobierno de coalición seguiría siendo su verdadera tara criminal, que bastaría para ponerlo en el punto de mira de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y de los servicios de inteligencia de los países de la OTAN. A por los enemigos de España y de nuestra civilización, siempre por la vía legal y jamás por la del escrache que ellos importaron de sus metrópolis bananeras.

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