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Eduardo Goligorsky

Uniformes y banderas

¿Qué prefieres ver en las calles de tu ciudad, amigo catalán? ¿Un contingente de soldados españoles o una horda de vándalos encapuchados y envueltos en esteladas?

Eduardo Goligorsky
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¿Qué prefieres ver en las calles de tu ciudad, amigo catalán? ¿Un contingente de soldados españoles o una horda de vándalos encapuchados y envueltos en esteladas?
Militares desplegados en Sabadell | Ejército de Tierra

¿Qué prefieres ver en las calles de tu ciudad, amigo catalán? ¿Un contingente de soldados españoles, vistiendo uniforme bajo banderas rojigualdas, construyendo hospitales de campaña y desinfectando residencias de ancianos y espacios públicos, o una horda de vándalos encapuchados y envueltos en esteladas apátridas, incendiando contenedores y arrancando baldosas de las aceras para arrojarlas a las fuerzas del orden? Los amos del cotarro sí tomaron partido: los que hoy despotrican contra los militares y abominan de sus trabajos solidarios son los mismos que hace pocas semanas arengaban a los gamberros y apelaban a sus más bajos instintos cainitas.

Doble moral

El encono con que los capos sediciosos y sus secuaces mediáticos perseveran en la campaña contra las Fuerzas Armadas en el punto álgido de la pandemia, abriendo en el frente sanitario una brecha por donde se cuela el contagio, muestra hasta qué extremo están enceguecidos por la fobia tribal. Se comportan respecto del personal uniformado que llega en misión humanitaria con la misma indecencia con que actúan los canallas que discriminan y pretenden expulsar de su entorno a los médicos, enfermeras y empleados de servicios esenciales que arriesgan la salud y la vida cuando salen del confinamiento para ayudar al prójimo.

Pilar Rahola escribe, con mucha razón, refiriéndose a quien ensució con una injuria soez la carrocería del coche de una médica ginecóloga ("El miedo", LV, 16/4):

Solo espero que la justicia sea implacable con estas inmundicias, porque ellos son las auténticas ratas contagiosas, gentes a las que el miedo ha convertido en portadoras del virus del odio.

¡Ay, la doble moral de la que hacen gala los supremacistas! Doble moral que se confirma cuando recordamos el acoso que algunos colectivos de padres y también ayuntamientos enrolados en la cruzada antiespañola que jalea Rahola han infligido en las escuelas a los hijos de guardias civiles y a las familias que reclamaban la enseñanza bilingüe. Acoso que no ha sido menos feroz y traumático que el que han padecido la médica ginecóloga y otras víctimas de la intolerancia visceral… idéntica a la que Rahola y sus cofrades rezuman por todos los poros en versión supremacista.

Bárbaros renegados

Desde el punto de vista racional, es inexplicable que en circunstancias trágicas como las que padecemos haya gente que aplaude a los bárbaros renegados de sus orígenes que destruyen todo lo que tocan, y al mismo tiempo pone reparos y obstáculos a los compatriotas militares que acuden a levantar hospitales y a sanear espacios infectados. Pero que nadie intente explicar con argumentos racionales los actos de la minoría alucinada. A ella poco o nada le importan la salud, el bienestar y la prosperidad de sus conciudadanos.

Vayamos a la portavoz del Govern, Meritxell Budó. Esta empezó por especular con la patraña de que en una Cataluña independiente, donde por supuesto continuaría la guerra sin cuartel entre las dos pandillas rivales de insaciables sanguijuelas secesionistas, habría habido menos muertos por coronavirus. Y después:

Advirtió que llevarán el derecho a la autodeterminación a esas conversaciones y subrayó la línea roja del independentismo para participar en los pactos de reconstrucción: "Que no sean en clave española".(LV, 18/4)

Precisamente es en clave española, porque estamos en España, que el Ejército acude a cumplir con su deber, como lo estipula el artículo 8.2 de la Constitución, que no me canso de reproducir en sucesivos artículos:

Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender la integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Premio a la desfachatez

Este artículo de la Carta Magna es anatema para los enemigos de España que se proponen amputarle cuatro provincias y convertirlas en su feudo particular, y también para el politburó comunista que trabaja arteramente en la Moncloa para sustituir la Monarquía parlamentaria por una réplica de la satrapía chavista.

Ahí tenemos al delincuente contumaz Oriol Junqueras blasfemando contra la "militarista" España donde nació, mal que le pese (LV, 14/4), y al incombustible rufián Rufián (perdón por la inevitable redundancia) exigiendo reducir en un 40% el ya ridículo presupuesto de las Fuerzas Armadas y clamando contra "la unidad patriotera de cartón piedra" (LV, 18/3). Pero el que se lleva el premio a la desfachatez es el taimado Pablo Iglesias. Este alevín de dictador abjuró de la promesa de lealtad al Rey que formuló con premeditada mendacidad y alevosía al asumir la vicepresidencia segunda del Gobierno, disfrazó de sentimiento republicano su servidumbre a la ideología leninista y tuvo el morro de criticar el uniforme militar del monarca ilustrado Felipe VI, cuando él tiene como modelos a Juan Domingo Perón y Hugo Chávez, dos uniformados corruptos salidos de las entrañas del Leviatán totalitario.

Sin miedo a contagios

Alex Salmon evoca ("Militares contra la Covid-19", LV, 17/4):

Sin ir muy lejos, en el año 2000, cuando unas inundaciones en El Vendrell dejaron aislado el barrio de Sant Salvador, fueron soldados del cuartel de ingenieros de Salamanca los que construyeron los puentes desaparecidos. (…) de eso hace 20 años. Pero el pasado lunes también fue el Ejército quien finalizó los trabajos del puente sobre el Francolí destruido por el temporal DANA, con el agradecimiento del alcalde de Montblanc, el republicano Josep Andreu.

Nadie en su sano juicio se llamará a engaño cuando se haga el balance: por un lado, tenemos el panorama deprimente que dejó a su paso la suma del mortífero covid-19 más los tóxicos hispanófobos cismáticos, guerracivilistas recalcitrantes y felones sanchistas, y por otro sobresalen los servicios que prestaron a la sociedad, abnegadamente y con riesgo para su vida, los patriotas que desempeñaron tareas esenciales vistiendo bata, traje, mono o uniforme.

Entonces, tras separar el grano de la paja, habrá llegado la hora de prorrumpir en un aplauso atronador y de fundirnos, por fin, sin miedo a contagios, en un abrazo fraternal.

En España

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