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Emilio Campmany

El pecado de llevar cuernos en Gijón

¿Por qué será que tanto tonto se dedica a la política?

Emilio Campmany
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¿Por qué será que tanto tonto se dedica a la política?
Ana González, alcaldesa de Gijón. | EFE

Bautizar a los animales puede herir a los más susceptibles. Por ejemplo, si cualquiera que se llame Emilio se encuentra en una dehesa a un verraco hinchándose a bellotas al que el dueño ha llamado Emilio, Emiliano, Emilito o Emilico, podría sentirse ofendido y culpar al ganadero de querer ofender a todos los Emilios. Probablemente nada de eso haya y resulte que lo llamó de esa manera como lo podía haber llamado de cualquier otra. O puede ser que el ganadero le pusiera el nombre de su suegro o la ganadera el de su ex por acordarse del santo de su nombre después de haberle hecho penar lo indecible. Vaya usted a saber.

En Gijón, una alcaldesa de cortas luces y menguada inteligencia ha prohibido los toros en su ciudad por el oprobio sufrido al haber sido lidiados dos toros con nombres tan ofensivos como el de Feminista y Nigeriano. La muy mentecata ha creído que el criador llamó así a sus ejemplares con ánimo de ofender a las feministas y a los nigerianos. La realidad es que los bautizó así por darles el nombre de sus madres, dos soberbias vacas bravas que así se llamaban. Pero, aunque hubiera sido por otra razón, ¿es que un toro que se llamara Británico sería un insulto para los ingleses? Si a eso vamos, el toro que mató a Manolete, Islero, constituyó un ultraje para canarios y mallorquines o quizá para todos los nacidos en cualquier isla. Y el que mató a Joselito, Bailaor, fue así bautizado para vituperar a quienes se ganan la vida bailando flamenco.

En cualquier caso, la decisión de la ignara regidora es a todas luces sectaria porque considera un insulto para feministas y nigerianos el que un toro sea bautizado con tan respetable adjetivo y tan digno gentilicio. Pero seguro que si se hubieran llamado Machito y Madrileño ninguna protesta se habría generado por ser tales denominaciones tan poco dignas de respeto y, por tanto, muy apropiadas para un animal tan abyecto.

O quizá el modo de pensar de la primera edil sea más sutil y considere que los nombres son inapropiados no tanto por servir para denominar a un animal infame como por estar éste destinado a morir vilmente en la plaza a manos de un matador, lo que convierte en inapropiado para él cualquier nombre que constituya una referencia a algo admirable como sin duda es el feminismo o la nación nigeriana. Si así fuera, la forma de que puedan volver los toros a Gijón será llamarlos con nombres que hagan referencia a cosas que hay que perseguir y bautizarlos, qué sé yo, Violento de Género, Blanquedor de Capitales o Evasor Fiscal. Si así se llamaran, la simpar Ana González no tendría con seguridad nada que objetar. ¿Por qué será que tanto tonto se dedica a la política?

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