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Inteligencia y principios

Es comprensible que VOX haya reaccionado como lo ha hecho al intento de humillación de Ciudadanos, pero no es inteligente.

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Santiago Abascal, presidente de VOX | EFE

Está muy bien ser un partido empeñado en ser coherente con el programa con el que se acude a las urnas. Y sería admirable que, de haber conseguido mayoría absoluta, VOX ejecutara todas sus propuestas. Sin embargo, ha sido el partido menos votado de los cinco que han obtenido representación y, aunque es obvio que sus votos son necesarios para que la coalición PP-Ciudadanos forme Gobierno, no lo es menos que apenas están en condiciones de imponer algún que otro punto en el programa de Gobierno de ambos.

Quizá los dirigentes de VOX eran conscientes de esta circunstancia y es probable que estuvieran dispuestos a votar a Moreno Bonilla a cambio de muy poco. Pero Albert Rivera, en consideración a intereses electorales que no están en Andalucía, ha querido hacer patente que su partido, gobernará o no en Andalucía, pero si lo hace será con los votos de VOX... menospreciando su programa.

Es comprensible que VOX haya reaccionado como lo ha hecho al intento de humillación de Ciudadanos, pero no es inteligente. Es igualmente comprensible que, puesto a ser un partido de principios, quiera defender los suyos en cualquier ocasión que le surja, pero, en este caso, no es conveniente. Lo prioritario para Andalucía y los andaluces, y muy especialmente para los votantes de VOX, es garantizar que el próximo Gobierno de Andalucía no sea del PSOE. Tiene cierta defensa pedir que, al menos, el compromiso cobarde sobre violencia de género que PP y Ciudadanos incluyeron en su pacto desaparezca por ser contrario a uno de los pilares del programa de VOX. Pero plantear ahora 19 puntos programáticos que son, unos, contrarios al programa de los otros dos partidos; otros, irrealizables; algunos, folclóricos, y todos, perfectamente aplazables, es, como digo, poco inteligente. El problema no está sólo en el riesgo de nuevas elecciones. Si VOX se tiene que tragar todos y cada uno de los 19 puntos o buena parte de ellos, dará la imagen de un partido español clásico, con principios de quita y pon, no mejor desde luego que Ciudadanos o PP. Y si finalmente se enroca en esos principios que tantos españoles comparten con él y consigue que Susana Díaz siga de inquilina en el Palacio de San Telmo, no sólo habrá defraudado las esperanzas de muchos potenciales electores; habrá además demostrado que votarles sigue siendo inútil mientras las encuestas no les otorguen una mayoría suficiente. Y encima habrán validado las acusaciones que lo tachan de partido extremista que, como tal, tiende al maximalismo y carece de cintura para transigir.

Lo mejor habría sido decir que votarían a cualquier candidato que no fuera socialista o comunista, fuera cual fuera el programa con el que se presentara, y que ya intentarían, durante la legislatura, sacar adelante la parte de su programa que pudieran. Cayeron en la trampa que les puso Rivera con el punto sobre violencia de género y ahora han quemado buena parte de las naves que les permitirían una retirada honrosa. Es una lástima que, siendo la inteligencia tan escasa en nuestra política, lo sea también en VOX.

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