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Estudio de personalidad

Pase fingirte una buena persona teniendo el alma más negra que la de una meiga. Pero no exijas que te beatifiquen. Es peor que infame: es estomagante.

Pase fingirte una buena persona teniendo el alma más negra que la de una meiga. Pero no exijas que te beatifiquen. Es peor que infame: es estomagante.
Pedro Sánchez, Salvador Illa y Óscar López durante la tradicional cena de bienvenida al MWC 2026. | EFE/ Alejandro García

A estas alturas, es patente que Sánchez no convocará elecciones para antes del verano que viene. Ni dimitirá pase lo que pase. Aunque lo imputen, seguirá. Y es capaz de presentarse a las elecciones procesado y todo. Está dispuesto incluso a ser el primer presidente del Gobierno que se siente en el banquillo. ¿No es el de las primeras veces? De modo que vistámonos de alegres ciudadanos del imperio romano y, ya que no nos dan democracia, disfrutemos de pan y circo. O sólo circo, porque el pan se lo quedará todo la Agencia Tributaria.

Desde la butaca, uno de los entretenimientos será analizar psicológicamente al personaje. Es un mentiroso, desde luego. Pero entre líneas de lo que dice, pueden descubrirse raras peculiaridades. Tras la huida de Paiporta, donde únicamente fue evidente su cobardía, quiso tranquilizar a sus imaginados admiradores (o quizá admiradoras) y dijo aquello de que "yo, estoy bien". Pero ¿a quién se le ocurre, con más de doscientos muertos de cuerpo presente, hablar de su salud? ¿Quién va a un tanatorio a decirle a los familiares del difunto que él, gracias a Dios, está estupendamente?

Está también el episodio de aquella rueda de prensa en la que se quejó de no haber comido ante un nutrido grupo de periodistas famélicos que tampoco habían podido hacerlo por atender a la penosa obligación de informar de las mentiras que aquel día quisiera escupir el ególatra.

Luego vino lo de que su Gobierno le renta mucho a los españoles. Le faltó decir que a unos más que a otros. Mintiendo como miente, no pudo evitar aquel día recordarle a sus potenciales votantes que lo que pretende no es convencerles, sino comprarles su voto con el dinero de todos. Fue como ese enamorado que, viendo que la chica muestra poco entusiasmo por sus encantos, le recuerda que tiene un Ferrari en el garaje. Y eso, que en el caso de Sánchez, lo que hay no pasa de ser un Toyota Supra tuneado.

Lo último vino cuando, hablando de su cloaca, dijo que nunca habría permitido que nadie hiciera lo que le habían hecho a él. ¿Y quién le ha hecho a él nada? Si se refiere a las grabaciones que hacía la Policía en las saunas de su suegro, el problema no es que él estuviera en las grabaciones, supongo. Sino que su suegro las utilizó para chantajear a prebostes socialistas para que le ascendieran al yerno a cambio del silencio. Quienes las intentaron utilizar contra él fueron gente de la ralea de Óscar López y Antonio Hernando, que ahora resulta que son ministro, uno, y secretario de Estado, el otro. Y, si se refiere a su hermano y su esposa, todo problema desaparecerá cuando se abstengan de cometer delitos. ¿O es que cree que todos somos como su suegro? Pase ser un malvado. Pase fingirte una buena persona teniendo el alma más negra que la de una meiga. Pero encima no exijas que te beatifiquen. Es peor que infame: es estomagante.

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