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Una estrategia para el PP

Ahora, mientras se espera, es muy importante contenerse y no empujar, ni animar ni mucho menos impulsar la imputación del presidente del Gobierno.

Ahora, mientras se espera, es muy importante contenerse y no empujar, ni animar ni mucho menos impulsar la imputación del presidente del Gobierno.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez da la réplica al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. EFE/ Mariscal | EFE

Se debate estos días acerca de si debe o no Feijóo presentar una moción de censura. El gallego está dispuesto a hacerlo sólo si Junts o el PNV quieren apoyarla y ofrece que sea meramente instrumental con el único fin de convocar elecciones. Quizá el debate no sea estéril del todo en la medida en que permite al PP aparentar que hace algo, pero desde luego no alcanza a ser una estrategia. Y no lo es porque ni Junts ni el PNV le van a abrir gratis la puerta de La Moncloa ni él puede, so pena de ser como Sánchez, prometer nada que los separatistas puedan desear. De modo que hay que diseñar otro plan.

¿Conviene ir presentando un programa de regeneración democrática con el que ilusionar al electorado conservador? No parece, pues si el PP se pone a decir lo que va a hacer, al PSOE le faltará tiempo para que el debate se centre en lo poco que le conviene a la España "progresista" que ese programa se ponga en práctica.

¿Esperar a que el cadáver insepulto de Sánchez sea definitivamente incinerado, por no decir achicharrado, por sus escándalos y corrupciones? Es lo más fácil, aunque provocará que se amontonen las acusaciones, especialmente desde Vox, de que no se hace nada en un momento de grave peligro para la patria. Y, sin embargo, es lo más sensato. El sistema constitucional español entrega todas las llaves al presidente del Gobierno. Así se determinó creyendo que era imposible que pudiera llegar tan alto alguien de esta calaña. Pero es así.

Ahora, mientras se espera, es muy importante contenerse y no empujar, ni animar ni mucho menos impulsar la imputación del presidente del Gobierno. Ya habrá tiempo de que responda de los crímenes que haya podido cometer durante el ejercicio del cargo. Pero no se puede echar sobre los hombros de los jueces la responsabilidad de un cambio de Gobierno. Ni entregar a la banda el argumento de que han sido expulsados del poder por los tribunales, por vehementes que sean, que todavía no lo son, las pruebas que existan contra Sánchez.

Y, si en el momento en que se celebren las elecciones generales, los españoles decidimos que siga gobernando el mismo con el apoyo de los separatistas, sabiendo todo lo que conocemos, el problema no será estar gobernados por un indeseable, sino otro mucho más grave, el de que un número suficiente de nosotros esté dispuesto a seguir votándole. Y, si su victoria se debiera a las trampas que pueda tener planeadas en relación al censo, al voto por correo o al recuento por parte de empresas colonizadas, el problema no será cómo combatir el golpe en los tribunales sino ver si no ha llegado el momento de pasar a la clandestinidad. Pero, gracias a Dios, todavía no hay que tomar una decisión tan drástica.

Hoy por hoy, el problema lo tienen en realidad los socialistas que, sosteniendo a su secretario general en el poder, a pesar de todo, se arriesgan muy seriamente a desaparecer. Ellos sabrán lo que hacen. De momento, lo mejor que puede hacer el PP es esperar, a ser posible, sin mesarse los cabellos ni rasgarse las vestiduras más allá de lo indispensable.

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