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Emilio Campmany

La coartada nicaragüense

El matrimonio Ortega Murillo está proporcionando a los Gobiernos de izquierda la coartada perfecta para seguir cerrando los ojos a los ataques a la libertad en otros lugares.

Emilio Campmany
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El matrimonio Ortega Murillo está proporcionando a los Gobiernos de izquierda la coartada perfecta para seguir cerrando los ojos a los ataques a la libertad en otros lugares.
Daniel Ortega junto a su esposa, Rosario Murillo. | EFE

Con su tosca forma de implantar su dictadura, el matrimonio Ortega Murillo, que ya se ve que la manía comunista de gobernar en pareja no es sólo de Iglesias y Montero, está proporcionando a los Gobiernos de izquierda hispanos de uno y otro lado del Atlántico la coartada perfecta para seguir cerrando los ojos a los ataques a la libertad en otros lugares. No puede negarse que arrestar y encarcelar a todo nicaragüense que ose aspirar a ser rival del sandinismo en las elecciones presidenciales de noviembre es una forma bastante antidemocrática, además de eficaz, de asegurar la victoria del actual presidente. Pero es demasiado burda. Es verdad que Daniel Ortega está muy escarmentado porque, hace mucho tiempo, ostentando el poder, permitió unas elecciones libres y las perdió a manos de la gran Violeta Chamorro. Y aquel día, como Escarlata O’Hara, puso a Dios por testigo de que, aunque tuviera que estafar, ser ladrón o asesino, jamás volvería a perder unas elecciones. Y desde luego no perderá éstas. Sin embargo, tan groseras están siendo sus tácticas antidemocráticas que alguien tan tolerante con las dictaduras comunistas como Andrés Manuel López Obrador, en México, o Alberto Fernández, en Argentina, han protestado enérgicamente. Lo mismo ocurre con Luiz Inácio Lula da Silva, que se ha permitido aconsejar a Ortega que respete la democracia. Y nuestro Gobierno ha seguido su ejemplo. Varios embajadores en Managua, incluida la nuestra, han sido llamados a consultas y el país centroamericano corre el serio peligro de en unos meses hallarse completamente aislado diplomáticamente.

Muy bien, pero en Nicaragua pasa lo mismo que en Cuba o en Venezuela, lo que está a punto de ocurrir en Perú y lo que quizá acabe sucediendo en Bolivia. Es más, en Nicaragua al menos habrá elecciones, cosa que en Cuba ni se sueña. ¿Por qué se alzan ahora las voces contra Daniel Ortega? Quizá el error del sandinista haya sido mencionar al GAL y a Felipe González en la nota en que se quejaba de las injerencias españolas. En todas estas dictaduras comunistas pueden arrestar, torturar y asesinar contando con la tolerancia, si no con la simpatía, del PSOE, pero si mentas al GAL, te llaman a la embajadora a consultas por insolente.

En cualquier caso, es evidente que toda la izquierda hispana está tratando de esconder sus pecados de connivencia con los regímenes comunistas a base de levantar la voz acusando sólo a uno de ser lo que en definitiva son todos, una cruel dictadura. Y lo más probable es que lo estén haciendo contando con Daniel Ortega, pues sólo así se explican las facilidades que está dando con su represión ostensible y estentórea (lo que Jesús Gil llamaría ostentórea). Falta saber qué le han prometido al dictador nicaragüense a cambio de sacrificarse como coartada de castristas y chavistas, que gracias a él podrán ser presentados como gente relativamente seria y tolerable. Seguro que Zapatero lo sabe.

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